Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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RC elevada a cero

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido

Las matemáticas nos muestran que cualquier número elevado a cero es igual a 1. Sé que, para quien no guste de las matemáticas, parece enredado porque se parte de un principio: las potencias implican multiplicaciones. Y que pensamos que luego de multiplicar varias veces un mismo número se generan valores mayores (un efecto multiplicador). Pero es algo que no aplica para los decimales. O para el número uno.

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido


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Las matemáticas nos muestran que cualquier número elevado a cero es igual a 1. Sé que, para quien no guste de las matemáticas, parece enredado porque se parte de un principio: las potencias implican multiplicaciones. Y que pensamos que luego de multiplicar varias veces un mismo número se generan valores mayores (un efecto multiplicador). Pero es algo que no aplica para los decimales. O para el número uno.

Este principio parece repetirse en la historia que siguió a las elecciones del 23-F. De pronto, la revolución ciudadana (RC) se dio cuenta de que, aparte de Rafael Correa, no tiene liderazgos que garanticen éxitos electorales. La necesidad de potenciar sus cuadros propios –que, con contadísimas excepciones, son poco destacables-  puede llevar a una sobreexposición del número uno de la revolución que no genera el efecto multiplicador deseado. Es más, puede convertirse en un bumerán, cuando el líder deja en evidencia que aunque intente que la gente crea lo contrario, no hay nadie como él a nivel seccional o en cualquier tipo de elección.  Y que el suyo es un fenómeno único e irrepetible.

La RC del proyecto de Alianza País es igual a la RC de las iniciales del presidente. Esta identidad es su fuerza y su gran debilidad. La imagen del primer mandatario es como esas plantas que generan una resina que no permite crecer cerca a ningún otro vegetal. Si la idea de Alianza País es tener una revolución para largo, estas elecciones mostraron claramente que no existen alternativas fuera de Rafael Correa que puedan tener un peso propio y una fuerza de gravedad que signifique pensarse más allá de 2017.

Porque, aunque no lo hayan dicho, imagino que en el Gobierno estas elecciones eran como una suerte de ensayo. Primero, para saber si la concentración de poder tenía un correlato en lo seccional y eso apuntalaba al “proyecto” con cierta seguridad para las siguientes presidenciales. Segundo, para ver quiénes demostraban unas características propias que pudieran servir de alternativa en el caso de que el líder cumpliera su deseo de descansar. Y tercero para, a través de la repetición de los resultados electorales con una abrumadora victoria, ratificar lo adecuada que es la estrategia de copamiento institucional y de invención de una versión oficial invulnerable.

Nada de eso ocurrió el 23-F. La sorpresa fue grande, lo mismo que el miedo. Porque es por temor a dejar el poder que AP reacciona, preparando una reforma que garantice la elección ad aeternum de Correa. La RC se dio cuenta que no puede subsistir sin RC. Que incluso teniendo las reglas del juego y los árbitros a favor no pueden asegurarse el triunfo y que candidatos como Rodas les puede dar una bofetada electoral en cuestión de días. Que aunque quieran multiplicar su poder por años, su número uno es el único que les da una probabilidad real de victoria. Ese potencial también marca el límite electoral. Nada fuera de esa unidad que es RC. Presidente=revolución.

* El texto de Juan Jacobo Velasco ha sido publicado originalmente por el diario HOY.