Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Bajarse del bus/subirse a la camioneta/amor

Alvaro Alemán
Quito, Ecuador

La noticia de la persecución oficial a representantes de Yasunidos camino a una cumbre climática en Perú pertenece al dominio de información bizarra.

Álvaro Alemán

Alvaro Alemán
Quito, Ecuador


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La noticia de la persecución oficial a representantes de Yasunidos camino a una cumbre climática en Perú pertenece al dominio de información bizarra. Se habla de que el vehículo que transportaba a los miembros del colectivo fue detenido cinco veces. Intervino la policía, la aduana, el ministerio del interior se pronunció mientras que el evento se convierte de a poco en un caso emblemático de arbitrariedad en el ejercicio del poder.

Este ejercicio, que intentaría evitar la participación de los miembros de Yasunidos en la cumbre climática, evoca con exactitud la conducta en meses pasados de la empresa española Ares Rights al bajar contenido del internet que podría resultar incómodo al régimen en funciones. La compañía en mención evoca el régimen de propiedad intelectual vigente en EEUU (DMCA) como el mecanismo más eficiente para bloquear la circulación de contenidos.

La DMCA (Ley Digital de Derechos de Autor del Milenio) se ha convertido en una herramienta global de censura, precisamente porque fue diseñada para facilitar la remoción de contenido mediático en línea. Sin embargo, se trata de una ley estadounidense que se ha convertido en el medio más expedito (debido a la proliferación de corporaciones mediáticas que tienen oficinas en los EEUU) para censurar la libertad de expresión en línea, se trata, de hecho, de una norma legal de facto en el mundo globalizado.

Por medio de este procedimiento, Ares Rights, traducido literalmente como los derechos de Ares, la deidad griega de la guerra, ha interrumpido la circulación desde el documental del Pocho Álvarez sobre Intag hasta, paradójicamente, el reporterismo que denuncia sus propias prácticas. Sí, Ares Rights objeta y reclama se censure la información sobre la actividad en línea que implementa y que, ostensiblemente, opera a nombre de instancias gubernamentales tanto ecuatorianas como argentinas y de otros terceros.

Que la ironía no se pierda en esto: la utilización de una ley destinada a proteger los derechos de los individuos desplegada para prevenir la denuncia de posibles violaciones de derechos individuales. Tampoco se pierda la ironía de que se invoque la seguridad de los pasajeros del bus en que transitaban los Yasunidos como motivo para detener el transporte en uno de los países con mayor mortalidad por accidentes de tránsito del mundo. La lógica de ambos casos ofrece la oportunidad de observar los vericuetos en los que terminan las prácticas de censura que desembocan en el llamado efecto Streisand.

Todo este ajetreo evoca el ritmo apremiante de los terminales de transporte. Individuos que suben y bajan de vehículos con distinto destino. ¿A dónde viaja el colectivo ecuatoriano? ¿Cuáles son las paradas aceptadas y aceptables para el conductor, sancionadas por el sistema de tránsito, permitidas por la compañía? ¿Y qué sucede cuándo los pasajeros, uno o varios, pocos o muchos, deciden que ya es hora de bajarse? Las remozadas y serpenteantes vías terrestres ecuatorianas acogen a una fauna vehicular variada: buses y trailers, camiones, carros particulares, motos y bicicletas, pero también ecotaxis, triciclos y cuadrones, volquetas, excavadoras y hasta patines, caballos y vacas, y eso sin mencionar las variedades más exóticas, como los vehículos oficiales, ambulancias y caravanas. Y además está la camioneta, aquella con puestos fijos y con la prohibición de detenerse, o de abandonarlos.

Las consignas que encierran a las personas en sus respectivos vehículos y que determinan su movilidad de antemano se olvidan del precio del “privilegio” de la velocidad, de la “comodidad” en el transporte. La clausura del automóvil potencia la capacidad humana de sentir rabia, los incidentes de violencia vial producen cientos de muertos al año y por lo tanto el llamado, si solo fuera auténtico, a los Yasunidos, de bajar del bus, es válido. La idea no solo es bajar del bus, sin embargo, sino de mucha mayor ambición, bajar del automóvil, de manera progresiva y definitiva, bajar, a plazo más mediato, de la camioneta.

Pero tal vez no se entienda el método propuesto por los Yasunidos y por muchos otros segmentos de la sociedad ecuatoriana. “A la estetización de la política”, proponía Walter Benjamin hace muchas décadas, a la conversión del debate público y privado en algo banal, o diferido, o simpático, “hay que oponer la politización de la estética”. La apariencia del bus detenido se vuelve así relevante , al igual que el destino de los adolescentes ecuatorianos, arriados hacia una idea de vidas vividas bajo la tutela benevolente de sus regidores, educativos y demás.

El novelista John Steinbeck, en una carta escrita a su hijo adolescente, el 10 de noviembre de 1958, que le cuenta haber encontrado el amor de su vida:

“Primero: Si estás enamorado—es algo bueno—en efecto lo mejor que le puede pasar a una persona. No dejes que nadie lo apoque o aligere.

Segundo—Hay varios tipos de amor. Uno es una cosa egoísta, mezquina, avara que hace uso del amor para engrandecerse. Esta es la variante fea e incapacitante. La otra es una efusión de todo lo bueno en ti—de bondad y consideración y respeto—no solo el respeto social de los modales sino el respeto más grade que es el reconocimiento del otro como valioso y único. La primera variedad te enfermará y te hará pequeño y débil pero la segunda liberará dentro de ti fuerza y coraje y bienestar y hasta sabiduría que tú mismo no sabías que tenías.”