Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Algo apesta en Yachay

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

Fernando Albericio, científico catalán y ex rector de Yachay, ha destapado el sumidero de aguas negras del proyecto estrella de la RC, la joya de la corona, la locomotora científica y tecnológica que nos llevaría a la modernidad, al Buen Vivir, que nos enseñaría a ser distintos, a pensar distinto, la que iba a «cambiar el chip de la mentalidad ecuatoriana» en palabras del nuevo rector.

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador


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Fernando Albericio, científico catalán y ex rector de Yachay, ha destapado el sumidero de aguas negras del proyecto estrella de la RC, la joya de la corona, la locomotora científica y tecnológica que nos llevaría a la modernidad, al Buen Vivir, que nos enseñaría a ser distintos, a pensar distinto, la que iba a «cambiar el chip de la mentalidad ecuatoriana» en palabras del nuevo rector. Lástima que Albericio lo hace luego de ser defenestrado de su cargo en esa universidad.

En la larga entrevista que ha circulado profusamente en las redes sociales, reconoce que dejó pasar la oportunidad de referirse a los problemas de Yachay, con ocasión de la rendición de cuentas. En todo caso, habló y lo que dice, es realmente grave. Yachay es dirigido por control remoto por tres privilegiados académicos que hacen su vida en los Estados Unidos y que en se embolsicaron una buena suma dólares por unas reuniones cada tres semanas vía skype y por unos días de visita al país, con pasajes pagados y viáticos.

Si dividimos esa suma por las horas efectivamente trabajadas, estoy casi seguro que son los académicos mejor pagados del mundo y que ganan más que los banqueros, a los cuales la RC ataca con furor. Llegaron al Buen Vivir por vía aérea en clase business. Deberían compartir su secreto con el señor Elhers, ministerio del Buen Vivir, la Felicidad y la Meditación obligatoria. La ESPOL, una universidad pública nacional de calidad, hubiera hecho un uso mucho más eficiente de esos recursos. Pero la RC desprecia a la universidad pública nacional.

Las declaraciones de Albericio confirman lo que en su momento planteó Arturo Villavicencio, el premio Nobel ecuatoriano: Yachay es un modelo que no se sustenta ni académicamente, ni económicamente. Además, abrieron serios interrogantes sobre «problemas académicos e irregularidades económicas» en Yachay.

Por un lado, se pagó la bicoca de 1.700.000,00 dólares a una empresa consultora para contratar decanos y jefes de departamento, sin que se hayan conseguido los resultados esperados. De acuerdo a su criterio ese proceso debía costar «la mitad o menos». Eso no es una «irregularidad económica», es directamente despilfarro de recursos públicos. Es clave conocer quién hizo tal contratación y cuál es la empresa beneficiaria. El país lo demanda.

Por otro, Albericio, señala que hay profesores que no cumplen con lo establecido en el Decreto 247, de contar con cien publicaciones indexadas para ganar entre 13.400 y 15.000 dólares. ¿Quiénes son esos profesores? ¿Por qué se los contrató? ¿Está, entre estos profesores, el señor Jaques Ramírez, hermano de René Ramírez, Secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador y Presidente del Directorio de Yachay? ¿Todos tienen títulos de PhD? Son preguntas inevitables y que requieren una respuesta. Es sorprendente que en la página Web de Yachay TECH no se exhiban, in extenso, las hojas de vida de los docentes. El nuevo rector, que es juez y parte de todo el berenjenal, en lugar de amenazar con juicios a quién ha destapado el sumidero, debería esclarecer los hechos. El Ecuador ha invertido muchos recursos en el proyecto Yachay.

Albericio, defenestrado, amenazado, es un hombre de fe: sigue siendo correísta. De nada le servirá la fe. ¿Esclarecerá Contraloría las denuncias de Albericio? ¿Qué dice el CES? ¿Se atreverá a investigar los problemas académicos de esta universidad, como lo haría con otras universidades públicas?  ¿Qué opina la universidad ecuatoriana, tan silenciosa, tan callada, tan sumisa?