Ecuador. Viernes 24 de Marzo de 2017
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Timbre cambiario: el camino a Venezuela

Fabián Pozo
Cuenca, Ecuador

Tras años en el exilio, Alberto Dahik regresó a la política nacional trayendo dos recetas para enfrentar la crisis: endeudarse con el FMI y aplicar un timbre cambiario para las importaciones.

El timbre cambiario consistiría en establecer cupos de “dólares de importación”, subastados por el Estado al mejor postor. El timbre reemplazaría a las salvaguardias y lo que recaude sería entregado a los exportadores. Según Dahik, esta medida permitiría que la reserva monetaria se recupere. El timbre ha sido bien recibido por el gobierno que ve en este la posibilidad de tener efectos parecidos a una devaluación, sin tener que salir de la dolarización.

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Dahik ha dicho que su modelo es inédito, pero a mi criterio es solamente una mala copia de los sistemas de control cambiario venezolanos creados por el Chavismo. En 2003, Chávez impuso a Venezuela el control cambiario con excusa de frenar la fuga de capitales, creando un sistema llamado “CADIVI”. Luego, en 2010, impuso una tasa diferenciada para los sectores “prioritarios” y otra tasa para los “no prioritarios”, hasta 100% más cara. En 2013, el Chavismo creó “SICAD”, complementario al CADIVI, que es un sistema de subasta de divisas a través del Banco Central Venezolano.

Dahik ha integrado ambos sistemas en su propuesta, con la diferencia de que en lugar de subastar divisas extranjeras, subastaría cupos de dólares. La meta es la misma: una especie de devaluación, sin desdolarizar. Así, el timbre de Dahik es una fusión perversa del CADIVI y el SICAD venezolanos, que son parte del enorme problema de escases que enfrenta hoy Venezuela.

El timbre cambiario, a mi juicio, traería al menos los siguientes problemas: 1) Crearía un sistema cambiario múltiple, con dos (o más) precios para la misma moneda. 2) Pondría en desventaja a las empresas pequeñas, que no tendrían capacidad para realizar ofertas competitivas por un cupo frente a las empresas más grandes, concentrando la producción. 2) Introduce incertidumbre en las operaciones de las empresas y disminuye su capacidad de negociación con proveedores extranjeros, pues al no tener certeza de contar con un cupo futuro, los proveedores internacionales exigirían pagos de contado o de corto plazo. 3) Crearía un mercado secundario –quizá negro- de reventa de cupos, tendiente a ser concentrado. 4) Disminuiría la confianza que da la dolarización, incentivando la salida de capitales. 5) Podría promover la entrada y salida de capitales especulativos. 6) Traslada el costo de la crisis exclusivamente al sector privado, y a través de éste, a los consumidores, que pagarían el “precio extra” creado por los timbres.

Todo esto ha ocurrido ya en Venezuela, y ocurriría probablemente aquí de implementarse esta idea (chavista) de Dahik. Lamentablemente, algunos economistas de la vieja guardia comparten con los socialistas del siglo XXI el mismo error: No entienden la dolarización. Para ellos, se trata simplemente de un “tipo de cambio fijo”, cuando es mas bien una especie de “patrón-dólar”. El “patrón dólar”, es la igualdad monetaria ante la ley. La esencia de la dolarización no es ser un tipo de cambio “demasiado rígido”, es precisamente haberle quitado a los políticos la posibilidad de manipular el tipo de cambio, pulverizando el valor de los ahorros de los ciudadanos. La dolarización no es un problema, al contrario, es actualmente el mayor atractivo que tiene la economía del Ecuador.