Ecuador. Domingo 28 de Mayo de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Revanchismo frente a inanidad

Hermann Tertsch
Madrid, España

Tiene mucha razón Pedro Sánchez cuándo recuerda a los barones del PSOE que ellos no tuvieron ningún escrúpulo en negociar y pactar con Podemos.

Para alcanzar el poder o para entregárselo a ellos a cambio de muy cuestionables prebendas o incluso humillaciones. Por lo que ahora él pone en duda la autoridad política y moral de los jefes regionales del partido para torpedear sus propios intentos de hacer lo mismo para lograr la mayoría que le lleve a presidir el Gobierno de España.

Para Sánchez es la única oportunidad de ser alguien. Si consigue componer una mayoría parlamentaria para gobernar, logra el milagro de su propia relevancia por algún tiempo. Es probable que poco antes de ser fagocitado su partido por la ultraizquierda y él enviado a su casa, probablemente con deshonor. Pero es que, si no consigue la mayoría, desaparece en semanas o meses y en un par de años nadie recordará quién era. Sánchez quiere pactar con quien sea, como sea.

Era imprevisible que, 25 años después de la caída del muro, tuviéramos a España a punto de tener en el gobierno a una organización comunista lanzada y financiada por caudillos latinoamericanos y sórdidos movimientos antioccidentales. Es un absurdo y un anacronismo. Porque llega cuando son evidentes sus nuevos trágicos y sangrientos fracasos y crímenes en países en los que se ha vuelto a ensayar su aventura criminal.

Y ahora toca a España otra vez el intentar lo que siempre ha acabado igual. Han sabido utilizar la profunda crisis económica y una corrupción generalizada que se ha sabido atribuir solo al PP, con mucha ayuda de éste, quede claro. Pero ante todo se han beneficiado del desarme general de una cultura democrática europea que en España tiene su eslabón más débil.

La siempre frágil cultura democrática en España recibió su golpe más terrible de un presidente de Gobierno que llegó al poder, no por libre y pacífica elección ni por casualidad, sino por medio del terror. Entonces quedaron rotos consenso constitucional y reconciliación nacional. Se reactivó como arma política el odio fratricida de la Guerra Civil y la manipulación de la memoria. Nada le salió a Zapatero tan bien como la destrucción del tejido de afectos y lealtades que había hecho posible la transición. La criminalización de la derecha que lleva implícito el mensaje de la revancha es hoy factor capital y decisivo. Solo hay que cuestionar si estamos al borde del abismo o caemos ya, irremediablemente, hacia el enfrentamiento civil. Poca esperanza se ve de restaurar un consenso básico antitotalitario y constitucional.

Los diques de la legalidad se han roto hace tiempo. Solo hay que ver cómo un grupúsculo fanático como la CUP tiene en vilo al país con esperpénticos debates sobre si colabora con Artur Mas para destruir España o espera un poco para hacerlo sola. El horror a pactar con esa derecha criminalizada explica por qué Albert Rivera también tuvo miedo de una apuesta de gobierno y se desinfló. Y también por qué el PSOE pagaría tan cara la solución decente de una coalición constitucional como la indecente de aliarse con los niños de Maduro.

El panorama estaría incompleto sin la profunda inanidad dolosa, el desprecio a la realidad y a la gente, y la miopía política de una dirección del PP que ha preferido llevar al partido y al país hasta este extremo por negarse a su renovación y a la batalla política real. Bajo el peso de la culpa real y la búsqueda de complacencias, su dirección no ha tenido ni fuerza ni valor para defender a España de una amenaza que ahora pende como una maldición histórica sobre nosotros. Unas elecciones darían oportunidad a la total enmienda.

  • Hermann Tertsch es periodista español. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC, de Madrid, España.