Ecuador. Martes 30 de Mayo de 2017
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Antolohit: Un intento por la reivindicación del cuento

Juan Romero Vinueza
Quito, Ecuador

El cuento es el género que ha sido relegado por muchas editoriales, no así la novela.

Por ejemplo, el escritor vasco Juan Manuel de Prada dijo, en relación a esta circunstancia, que cuando presentó un libro de cuentos en una editorial española ésta fue la respuesta que recibió por parte de la misma: «Tus cuentos son buenos, nos gustan, pero vuelve cuando tengas una novela.» ¿Cómo podemos renegar del género que cultivaron Antón Chejov, Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant o Franz Kafka? ¿Acaso, la brevedad del cuento no lo hace tan fuerte, contundente y llamativo como una novela? Bien decía Cortázar que en el cuento se gana por K.O., y en la novela por puntos.

El Ecuador es un país en el cual han nacido grandes poetas. Quizá exista una menor cantidad de narradores, pero existen y muchos de ellos son particularmente buenos. Por ejemplo, en cuento hay que destacar la labor que han realizado José de la Cuadra, Raúl Pérez Torres, Huilo Ruales Hualca o Gabriela Alemán, por nombrar a unos pocos; y, en novela, no podemos olvidarnos de Iván Égüez, Abdón Ubidia, Luis Alberto Bravo, Leonardo Valencia o Adolfo Macías Huerta.

Pero ¿Y las nuevas generaciones? ¿Dónde se esconden los nuevos narradores? Varios de ellos han publicado libros, otros tantos han ganado premios, y otros solamente aparecen en antologías. Entre ellos, se destacan Sandra Araya, Jorge Izquierdo, Gabriela Ponce, Esteban Mayorga, Miguel Antonio Chávez, Luis Borja Corral, María Fernanda Ampuero, Andrés Cadena, Max I. Vega, entre otros.

Varios han sido los proyectos de antología en los cuales se ha intentado reivindicar al cuento. Uno de los más nuevos -¡y gracias a Dios no es el único!-, y del cual voy a hablar, no fue necesariamente una selección exclusiva de autores ecuatorianos, ni tampoco únicamente de jóvenes. Antolohit es una apuesta por la narrativa desde el margen. Una apuesta por la ficción y desde la ficción, como se puede apreciar en la contratapa realizada por Marcelo Chiriboga, personaje ficticio -creado por los escritores Carlos Fuentes y José Donoso- que fue el único representante ecuatoriano del “boom” latinoamericano.

En este libro encontramos nueve cuentos de diferentes autores provenientes de diversas latitudes: Miguel Molina Díaz, Víctor Cabezas, Felipe Oviedo, Mariacruz González C. y Luciana Musello, todos ellos de Quito (Ecuador); Jorge Gómez Monroy de La Plata (Argentina); Mario Attie de Ciudad de México (México); Cristina García de Barberá del Vallés (España); y Alejandro Veiga Expósito de Caracas (Venezuela). La variedad de narrativas también es visible en la antología que, como sabemos, funciona a base de fragmentos de la obra de un autor y que fungen como la obra total en la selección.

Los textos no cuentan con hilo conductor que los hermane entre ellos, sino únicamente el que todos están escritos en español. Así, los cuentos El libro de Tangos de Gómez Monroy, La cama vacía de Attie, El eco de tu adiós de Cabezas, Frotis de Musello, se destacan por ser propuestas llamativas de experimentación con la narración y la historia. Todos estos relatos son la parte más clara de la revelación del libro como la ficción desde la ficción que muestra una realidad atosigante y enferma.

En cambio, en los cuentos El Bosque de García, Perros de Oviedo, El Reflejo de Mario Casals de Molina Díaz, Perdida de González C., y Sostener un cartel de Veiga Expósito, encuentro otro tipo de experimentación más ligado a un intento realista pero que, hasta cierto punto, coquetea mucho con la ficción pura. La voz que nos cuenta en cada uno de los relatos parecería ser la de un ser humano, aparentemente, normal que vive situaciones normales y mundanas, pero que llegan al extrañamiento por el trato del lenguaje y del tiempo, muy bien manejado por estos narradores.

La apuesta por los jóvenes autores es superlativa: Felipe Oviedo, Miguel Molina Díaz, Luciana Musello, Mario Attie, Cristina García, Víctor Cabezas y Alejandro Veiga Expósito. La mayoría de ellos no superan los treinta y cinco años y ya se nota un trabajo narrativo que promete mucho a futuro. Espero que su trabajo no se quede aquí y poder seguir leyendo más producción de los mismos en un futuro porque, de seguro, serán un gran aporte a la literatura en habla hispana. Estos jóvenes, como vemos, son siete de nueve, sin embargo, todos los autores de Antolohit habían permanecido inéditos hasta esta publicación.