Ecuador. Miércoles 26 de Julio de 2017
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¿Por qué estamos tan hartos?

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

Este gobierno ha llegado al colmo del hartazgo de quienes vemos su capacidad destructiva aplicada a todo el campo del ser humano.

;aríasol Pons

Estamos hartos de que se nos pretenda imponer medidas de cálculo mentirosas. Se nos quiere convencer de que no hay déficit fiscal con formulas inverosímiles que no cuadran en un simple 2 + 2 = 4. Este presidente ha logrado creer que puede inventar una formula -no cuántica- donde 2+2= -1


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Estamos hartos de que nos quieran exprimir los bolsillos, como por ejemplo se hizo con las utilidades de los trabajadores de las compañías telefónicas, como se hizo con el fondo de los maestros, los fondos del IESS, como se quiere hacer con los fondos del ISSFA.

Estamos hartos de quedarnos sin trabajo, como por ejemplo pasó con el 1% de la PEA que el gobierno reconoce perdió su trabajo entre 2014 y 2015, sin tomar en cuenta que las nuevas fórmulas de calculo pretenden maquillar que el 48% de los ecuatorianos viven de “trabajos eventuales” que le significan menos de 366 dólares al mes y que, por ende, viven una inestabilidad laboral espantosa. Ahora también quiere cambiar el nombre de esta clasificación, de “trabajo inadecuado” a “sub-ocupación, antes se llamaba sub-empleo. A quién le importa cómo lo quieran llamar si lo que importa es que las familias ecuatorianos ven cada día cómo se disminuye su capacidad adquisitiva.

Estamos hartos de que nos hablen de las carreteras, carreteras que según el reportaje publicado en Plan V el 20 de Enero de 2016 reportan sobrecostos vergonzosos, demoras, renegociaciones.

Estamos hartos de los atropellos legislativos de una Asamblea Nacional plagada de obedientes que pasaron 16 reformas a las Constitución de una manera violenta y prepotente, que además, quieren aprobar la ley de herencias, con una composición malsana de presunciones negativas al comportamiento de todos los ecuatorianos que lo que hace en realidad, es desactivar cualquier incentivo individual de crear fuentes de riqueza donde los beneficiarios no sólo son sus propietarios, sino quienes trabajan en ellas, quienes compran sus productos, el estado que recibe sus impuestos.

Estamos hartos de que cada vez que el pueblo se quiere manifestar en la calle, se utilicen los propios recursos del pueblo para usarlo en su contra. Estamos hartos de estar inundados de campañas millonarias que pretenden lavarnos el cerebro que como la revolución ciudadana ha logrado lo que nadie antes. Eso es mentira, los indicadores están hoy iguales o peores que en la era Pre-Correa. Nunca habíamos recibido tanto dinero en la economía y nunca hemos estado tan endeudados como en los últimos años.

Estamos hartos de que se meta preso y se maltrate a los ecuatorianos, jóvenes y mayores, por aplaudir, por disentir, por reclamar, por denunciar.

Estamos hartos de que quienes ostentan posiciones de poder jueguen a juez y parte creyendo que la aureola del poder los protegerá hasta que saluden a San Pedro.

Estamos hartos de que nos amenacen con nuevas fórmulas para cobrar más impuestos que terminan con encarecer la vida y dificultar la gestión de los negocios que son los que generan fuentes de trabajo.

Estamos hartos de que los empresarios tengan miedo de contratar a la gente por la amenaza legal y económica que representa para uno dar trabajo al otro.

Estamos hartos del discurso conflictivo, humillante, recalcitrante, divisorio, egoísta que pretende hacernos creer que entre ecuatorianos debemos odiarnos por diferencias ideológicas, cuando lo que se debe propagar es la capacidad de negociar y llegar a acuerdos productivos y armoniosos.

Estamos hartos del acoso a la libertad de expresión.

Estamos hartos de que las cosas del estado se traten como si fueran competencia individual de un superpoderoso. El país no pertenece a 150 personas, el país realmente pertenece a más de 16 millones de ecuatorianos y estamos hartos de que se nos niegue eso en la cara.

Creo que lo que nos tiene más hartos, es el miedo a decir todas estas cosas. Pero el miedo baja conforme el hartazgo aumenta. Por estas razones y por un sin fin de otras, es que estamos hartos como estamos.