Ecuador. Martes 17 de enero de 2017
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Marina y María José: “tentaron al diablo”

Cristina Villagómez Vera
Quito, Ecuador

Desde el 22 de febrero Marina Menegazzo y María José Coni estaban desaparecidas.

Seis días después se encontraron los cadáveres de ambas mujeres en Montañita. Los cuerpos tenían golpes en sus cabezas y en el cuerpo.  El Ministro del Interior se ha apersonado del asunto y, en honor a este año bisiesto, ha sucedido algo que se ve una vez cada cuatro años: el aparato estatal fue ágil para intentar resolver el caso.  Pocos días después del hallazgo de los cadáveres se ha dado a conocer los detalles del crimen y a los presuntos autores del mismo. Según la versión oficial, difundida por el ministro de Interior, Ponce M. y “El Rojo” confesaron haber tratado de abusar sexualmente de sus víctimas y cuando ellas trataron de huir fueron golpeadas y acuchilladas. Después de asesinar a dos mujeres, los presuntos culpables confesaron haber llevado los cadáveres lejos del lugar donde cometieron el delito para esconderlos. Las víctimas habían conocido ese mismo día a sus asesinos y estaban en estado etílico en casa de Ponce M.

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Este lamentable suceso ha causado revuelo en las redes sociales.  Muchos se solidarizaban con las víctimas y sus familiares.  No obstante, otras personas reaccionaron justificando la violencia.

Con frecuencia escucho la frase “no hay que tentar al diablo” seguido por “no uses ese vestido” o “no vayas a andar sola por la calle”.  Esta frase, tentar al diablo, dice mucho sobre la idiosincrasia ecuatoriana.  En el país es común que se transfiera la culpabilidad a la víctima.  Lo vemos todos los días quienes manejamos, por ejemplo.  Al reaccionar pitando (tocando la bocina) cuando se comente una infracción de tránsito o cuando alguien no respeta la fila frente al semáforo, el infractor ataca con frecuencia a la víctima.  Sean gestos obscenos, palabras grotescas o la clásica devolución del pito, el culpable termina siendo quien reclamó el abuso.  Si ampliamos este ejemplo podremos darnos cuenta que en realidad la transferencia de la culpabilidad en el Ecuador es parte de nuestro día a día.

Al ver las varias reacciones que hubo en redes sociales con respecto a la noticia de la muerte de Marina y María José noté nuevamente la transferencia de la culpa.  Fueron demasiadas personas las que opinan que ellas se lo han buscado por estar en Montañita solas.  Antes incluso del reporte de la Fiscalía, miles de personas asumieron que las víctimas estaban bajo los efectos del alcohol e incluso de drogas.  Otros indicaban que esto es típico de las extranjeras que vienen al país de fiesta, con su famoso exhibicionismo y soltura libertina.  En cada uno de los comentarios que fueron puestos en redes se visibiliza un solo trasfondo: las víctimas son las culpables de lo sucedido por estar en Montañita, intoxicadas y siendo extranjeras. Una vez más estamos desviando el tema, el asunto principal es que dos mujeres fueron asesinadas.  Su vestimenta, su nacionalidad, su embriaguez o sobriedad resultan absolutamente irrelevantes.

Esta no es la primera vez que la sociedad ecuatoriana reacciona de esta forma ante tal atrocidad.  Karina del Pozo fue miserablemente violada y posteriormente asesinada.  Su caso fue desmerecido ante los ojos de muchos debido a que ella también se encontraba en estado etílico y en un carro donde era la única mujer.  Se dejó de lado el hecho de que su vida llegó a un trágico fin debido a que un grupo de violadores decidió asesinarla después de abusar de ella.

Estamos cara a cara con dos variables: la irresponsabilidad y el machismo.  El pensar que el otro tiene la culpa de lo que uno produce es irresponsable.  El pensar que las mujeres en vestido, falda, con escote, ebrias o en cualquier estado tienen la culpa de ser agredidas porque “están tentando al diablo” es machismo.  Si juntamos estas variables tenemos un desastroso desenlace: algunos pobres hombres, provocados por vestimentas llamativas no pueden  dejar pasar la oportunidad de lastimar o penetrar a una mujer sin su consentimiento.  Y claro, la culpa es de la mujer.

Mantenemos un estatus quo donde andar sola por la calle, usar tu vestido favorito, arreglarte, usar ropa escotada, beber, drogarte, viajar sola o tener vagina es “tentar al diablo”.  Si prevalece este pensamiento memo, entonces se seguirán pasando por alto estos casos, minimizados por el estado o vestimenta de la víctima y se continuará justificando a los simios disfrazados de humanos que piensan que una mujer en falda, drogada o borracha es de su pertenencia. El error está, y reitero mil veces, en transferir la culpabilidad, en justificar  violencia.  Yo, me rehúso a justificar a violadores, asesinos, abusivos. En tanga o el burka, bailando reguetón o rezando un rosario, intoxicada o sobria, sola o acompañada, tu cuerpo es tuyo y nadie tiene por qué ultrajarlo. No hay excusas para la violación, no hay justificaciones frente al abuso.  Dejemos de minimizar la violencia culpando a la víctima porque la cosa es al revés.

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