Ecuador. Domingo 25 de septiembre de 2016
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El alcalde que desaparecerá a los perros

Miguel Molina Díaz
Quito, Ecuador

Chelito nació en Chile pero tenía procedencia africana.

Llegó al Ecuador en el año 2002, con la ilusión de comenzar una nueva vida en estas tierras. Se radicó en Loja y, quizá por ser extranjero, llamó la atención desde el primer día. Todos querían verlo e incluso tomarse fotografías con él. Con el paso del tiempo, Chelito se dio cuenta de que el sueño de una vida nueva no se realizaría. Sus ilusiones se fueron apagando lentamente. Estaba muy lejos de los suyos y la tristeza le fue embargando. Es difícil soportar una soledad tan grande. Un día de octubre del 2008, amaneció muerto pese a su juventud.

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Y es que Chelito era una jirafa, la única jirafa de todo el Ecuador, traída exclusivamente para convertirse en el símbolo vital de Loja. Símbolo vital. Así lo definió años después el alcalde lojano, cuando Chelito ya había muerto. En este punto es preciso hablar del alcalde. El problema es que no recuerdo su nombre. Hay nombres que recurrentemente olvido. ¡No hay nada que hacer! Mi memoria es incapaz de retener ciertos nombres. Esos nombres cuya sola pronunciación premeditan su destino: el basurero de la historia.

Así que no sé cómo se llama el alcalde. Creo que, por su contextura y alguna vaga relación con la sonoridad de su apellido, algún francés pringado le comenzó a llamar château. Tal vez. La verdad es que no es importante su nombre. Aunque recuerdo algunas de sus hazañas.

Hace poco, haciendo gala de su sensibilidad, preguntó al pueblo de Loja qué prefieren: agua potable o dos jirafas para reemplazar a Chelito. El símbolo vital de Loja. Y es que eso son los animales para el señor alcalde. Símbolos. Como el himno, el escudo o la bandera. Objetos que sirven para adornar su oficina de burgomaestre. Colores que impregnados en una tela que se flamea le sirven como telón de fondo a sus discursos, igualito que al Capitán América.

Entonces no me sorprendí cuando, chabacano y canchero, dijo que en Loja había alrededor de 100.000 perros callejeros ensuciando las calles y que estos deberán ser trasladados a un refugio –una perrera municipal– para desaparecerlos, si en el plazo de tres días no son reclamados por alguien. El alcalde piensa que tanta cantaleta a favor de los animales es puro tabú y novelería humana. Dice que hasta pensó en enviar perritos, en vez de policías municipales, a los mercados. Porque a los policías los golpean, pero los canes son intocables.

¿Cuántas noches habrá soñado el alcalde en su legión personal de perros guardianes? Algo así como la Guardia Amazónica de Muamar el Gadafi pero de perritos o como los War Boys, el ejército del Inmortal Joe en ‘Mad Max: Fury Road’. En todo caso, el alcalde de Loja pensó en usar a los perros como guardias municipales solo en sueños. Luego de despertarse lo que quiere es desaparecerlos. Ellos no son el símbolo vital de la ciudad.

Así son los alcaldes del futuro pos-apocalipsis correista. Símbolos vitales del maltrato animal. Si bien no recuerdo su nombre, recuerdo, lo he dicho ya, algunas de sus hazañas. Como el írrito y payaso proceso contra diario La Hora por no cubrir la rendición de cuentas del burgomaestre, uno de sus onanismos. Para él la Ley de Comunicación del gran insultador nacional es algo maravilloso. También recuerdo la demanda contra una concejala por un tuit y los 30 días de prisión a los que la condenó la justicia pre-apocalíptica correista, tan amiga del señor alcalde.

Hoy, sin embargo, casi recuerdo su nombre. Quizá porque mi memoria es excelente debido a que soy Agente de la CIA y, además, amo a los animales. A mi mente vino la imagen de un castillo en ruinas, en una desolación atroz, como una mansión abandonada por Drácula o como el palacio presidencial en El otoño del patriarca de García Márquez. Y cuando pensé que iba a recordar el nombre del alcalde, sólo vi esas ruinas. No lo pude recordar, se diluyó y se perdió para siempre. Pero sí recordé a Chelito, el símbolo vital de un espectáculo decadente, inmoral y cruel. El pequeño elefante blanco de un caudillo local. Sí, un símbolo vital…

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