Ecuador. Sábado 10 de diciembre de 2016
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Los gigantes de la literatura de Brasil y Colombia

Fernando Larenas
Quito, Ecuador

Una aproximación a las mejores novelas de Verissimo y de García Márquez

El cineasta y documentalista brasileño Luis Filipe Loureiro, más conocido como Doc Comparato (Río de Janeiro 1949) grabó con Gabriel García Márquez (1927-2014) la miniserie de cuatro capítulos ‘Se alquilan sueños’, también traducida ‘Me alquilo para soñar’. A Comparato, que en 1985 adaptó para la televisión la novela ‘El tiempo y el viento’, se atribuye el comentario que le hizo el Nobel colombiano sobre la obra de Erico Verissimo (1905-1975): “¡Coño! ‘El tiempo y el viento’ fue uno de los tres libros que estudié para escribir ‘Cien años de soledad’. Verissimo fue un genio al manejar la saga de una familia a través del tiempo… En fin, te escogí para trabajar conmigo porque has conseguido adaptar mi fuente de inspiración”.

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Con excepción de José Saramago en Portugal o de Jorge Amado en Brasil, la mayoría de libros en esa lengua se traducen al inglés, muy pocos al español. En el caso de la versión en español de la saga ‘El tiempo y el viento’ se advierte la falta de recursos para interpretar la lengua coloquial de Río grande do Sul, donde se desarrolla la trama que comienza con la llegada de los primeros colonos poco después de la conquista portuguesa en el lado atlántico de América del Sur. Río grande es la tierra de los gaúchos, así con tilde (a diferencia de los gauchos argentinos), hombres de campo, de criar ganado, pasar todo el día en el lomo del caballo, tomar mate y comer carne en abundancia.

El gaúcho de guerras permanentes y de revoluciones interminables. No se veía bien que esos hombres mueran en la cama, lo correcto era en combate por un pedazo de tierra, en un duelo por el amor de una mujer o simplemente por el honor agraviado. Con estos antecedentes resultaría difícil apreciar la influencia que pudiera tener el libro de Verissimo en la obra cumbre de García Márquez, geográfica e históricamente distinta. En el tratamiento de los personajes sí encontramos parecidos. ‘Cien años de soledad’ es una obra que corresponde al realismo mágico, del cual el colombiano es el mayor exponente o como dijo Neruda: “Es la mejor novela que se ha escrito en castellano después del Quijote”. ‘El tiempo y el viento’ es, al contrario, un “realismo latinoamericano”, según resume Rodrigo Fierro en una columna del diario El Comercio. El escritor y científico tal vez sea uno de los pocos ecuatorianos que ha leído y comentado esta obra monumental.

Todos recordamos que la familia de José Arcadio Buendía salió de la sierra para llegar al mar, pero en 26 meses no lo encontraron y decidieron fundar Macondo, junto a un río que estaba rodeado de piedras en forma de huevos prehistóricos; el mundo que describe García Márquez era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre. Santa Fe, el pueblo de los Cambará y los Terra, en la novela de Verissimo, fue fundado en una zona alta de las enormes pampas de Río grande do Sul (limítrofe con Argentina y Uruguay), un estado agrícola y ganadero, cuya capital es Porto Alegre. Las familias colombianas y brasileñas de estas novelas viven en casas enormes. Los Buendía con un castaño en el patio trasero, la de los Cambará y los Terra es un “sobrado” (nombre arcaico con el que se denomina a los caserones o mansiones), con varios árboles frutales en el patio. La enorme higuera, que sirve principalmente para dar sombra en verano, está en la plaza central, frente a la casa familiar, y desde sus gruesas ramas se ahorcan los desesperados.

García Márquez muestra un contexto político importante para Colombia, una transnacional bananera que explota la mano de obra, una masacre, la llegada del tren y del progreso, los gitanos, las plagas, las enfermedades, el amor. El revoloteo de mariposas en Macondo o los fuertes vientos de invierno en Santa Fe siempre se relacionan con la muerte. En las 2 200 páginas de la saga de Verissimo transcurren guerras con los castellanos (españoles), movimientos revolucionarios que derivaron en la formación del Estado Novo, liderado por Getulio Vargas, considerado el mayor caudillo brasileño de la historia. También una migración europea fuerte durante la primera Guerra Mundial; personajes con enormes conocimientos literarios, apasionados por la ópera y la música erudita.

En las dos novelas las mujeres asumen un rol matriarcal, de enorme lucidez, longevas que superan el siglo de vida, sabias para entender las largas ausencias de los hombres. ¿Cómo no recordar a Úrsula Iguarán, siempre atormentada por la posibilidad de que le nazca un hijo con cola de cerdo? Mujer fuerte, llena de salud, que alcanza a vivir 115 o 120 años? Al otro lado la centenaria Ana Terra, de la primera generación de los Cambará-Terra. No solo era el soporte de su familia sino de toda la comunidad. Con sus conocimientos empíricos y con su tijera de podar asistía a los partos de todas las mujeres del pueblo para cortar el cordón umbilical.

‘El Tiempo y el viento’ son tres libros que Verissimo escribió en 16 años y abarca dos siglos, de 1745 a 1945. El primero es El continente, le sigue El retrato y concluye con El archipiélago. Los personajes, como lo explican los editores, huelen a tierra, sangre y cachaza (aguardiente de caña). El honor y las pasiones están en juego en todas sus páginas, aunque también hay espacio para la poesía. Al igual que en Macondo, donde no había cementerio porque nadie se había muerto, ni curas, porque los problemas se arreglaban directamente con Dios; en el fin del mundo que es Santa Fe no existía ni calendario ni relojes, la posición del sol o las fases de la luna marcaban los días, los años, el verano o el invierno. El cura, sin embargo, era tan importante como el alcalde.

Volvamos a la crítica literaria de Rodrigo Fierro, a quien no se le escapa una descripción precisa de los gaúchos: “hombres a caballo, lanza en ristre”. Él destaca las sabias palabras de Erico Verissimo durante la presentación del libro que quedaron impresas así: “Cuando soplan los vientos de cambio, unas personas levantan barreras, otras construyen molinos de viento”.

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