Ecuador. Viernes 30 de septiembre de 2016
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Hablemos de “Mustang”

María Rosa Jurado
Guayaquil, Ecuador

La película “Mustang”, que estuvo candidata al Oscar como mejor película extranjera del 2016, es la ópera prima de la directora y guionista turca nacionalizada francesa Deniz Gamze Ergüven (Ankara, 1978), que debe su nombre al automóvil deportivo de la Ford Motor Company y a los caballos salvajes de Norteamérica, que evocan para la cineasta conceptos de belleza, libertad y fuga, y que constituyen una metáfora de la vitalidad de las protagonistas.

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Se trata de una coproducción franco turca, (la película compitió por Francia en los festivales de cine), realmente lúcida, divertida y desgarradora. Las cinco hermanas son huérfanas y viven con su abuela y su tío en un pequeño pueblo de Turquía, donde son objeto de una feroz represión en aras de la defensa de la moralidad.

La historia me mantuvo con el corazón en la mano y me di cuenta al final, que estaba estrujando la sobrecama con las dos manos y con una actitud de estar a punto de saltar dentro del televisor.

Me identifiqué enseguida con Lale (Günes Sensoy, Estambul, 2001), la hija menor, porque yo también crecí con seis mujeres en mi casa, soy la menor de cinco hermanas, y además, porque todo lo que yo hubiera hecho, ella lo estaba haciendo ante mis ojos en la pantalla. Deniz Gamze Ergüven es también una hija menor, y la escena del baño en el mar al inicio de la película es producto de sus recuerdos de infancia. Los estudios indican que el orden del nacimiento influye en la personalidad de los hermanos, y que el menor tiende a ser rebelde y rompedor de convenciones.

Todos leemos cotidianamente noticias relacionadas con la violencia física y psicológica que sufren las mujeres en todas partes del mundo, con la mayor impunidad, la mayoría de las veces.

Ejemplos: cincuenta mil personas marcharon el sábado 13 de agosto hasta la sede principal del Palacio de Justicia de Lima, bajo el grito de “Ni una menos”, exigiendo justicia para las víctimas de la violencia contra la mujer. El jueves 11 el papa Francisco recibió a 20 esclavas sexuales liberadas, como parte de sus actividades en el Año de la Misericordia. El lunes 8, el Parlamento de la Unión Africana prohibió las prácticas de mutilación femenina por los riesgos de infección, hemorragia y muerte que conlleva y por la discriminación brutal que supone.

Lo brillante de “Mustang”, es que nos cuenta esta historia tan común de la represión femenina, de una manera nueva: desde los inocentes ojos de cinco mujeres jóvenes, que no son presentadas como víctimas, sino como luchadoras y heroínas. Deniz le contó a cineuropa.org que las hijas son: “como una hidra, como un cuerpo de cinco cabezas con temperamentos muy dispares que me permitían contar como a través de un caleidoscopio, los cinco destinos posibles para una misma mujer”.
Fue emocionante para mí descubrir con sorpresa que el espíritu de esas bellas y adorables mujercitas turcas (Sonay, Selma, Ece, Nur y Lale) era muy parecido a todas las demás chiquillas que he conocido en mi vida, por muy lejos que estemos en el globo terráqueo.

Son tal como las adolescentes muertas de risa que veo saliendo de sus colegios, con la cola de caballo desparramada y manchas de tinta en el uniforme, que se empujan las unas con las otras, y sus picardías y travesuras se parecen a las que he escuchado a lo largo de mi vida. (Yo nunca fui traviesa, lo único que hacía era treparme al techo de mi casa por la enorme antena de radio aficionado que tenía mi papá en el patio, para estar un poco a solas conmigo misma. Me gustaba leer, escribir cuentos y soñar despierta, y eso me ganó una cierta fama de excéntrica).

Aunque la trama de “Mustang” transcurre en Turquía, su esencia recuerda mucho a una de las tragedias del poeta y dramaturgo andaluz Federico García Lorca, “La casa de Bernarda Alba”, cuya protagonista está inspirada en una temible viuda vecina suya de Valderrubio, que tenía cinco hijas mujeres: Angustias, Magdalena, Martirio, Amelia y Adela, a quienes dominaba a punta de bastonazos.

Gonzalo Ballester en su “Apreciación sobre Teatro Español Contemporáneo”, dice sobre Bernarda Alba: “(…) A primera vista, Bernarda tiraniza a sus hijas precisamente para que nadie hable de ellas, pero en el fondo se goza de hacerlas obedecer. Como en tantos casos de gente que apetece el mando, no es más que un pretexto o una justificación. La moral racionalizada de Bernarda enmascara una fuerte vida instintiva, aunque orientada no al sexo, sino al dominio”.

Sin embargo, una mirada más profunda nos revela que Bernarda no es más que otra víctima más del ancestral “sentido ibérico del honor” que heredamos los latinoamericanos, cuya custodia recae mayormente en las mujeres y que las lleva a defender esa moral opresiva a toda costa.

Deniz Gamze ha dicho en una entrevista con canimistanbul.com que las raíces de este problema son muy profundas, ya que las mujeres tenemos una tendencia a internalizar valores muy sexistas y comportamientos machistas hacia las mujeres. “Estoy feliz de presentar personajes femeninos que son poco frecuentes, divertidos, ingeniosos e inteligentes. Por lo general, los valores de coraje, inteligencia y perseverancia no están asociados con las mujeres en el cine. Es muy molesto para las mujeres ser retratados como cabezas huecas, todavía hoy, así que creo que la película llena un vacío”.

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