Ecuador. Viernes 30 de septiembre de 2016
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Gastón y Prudencio

Pablo Arosemena Marriott
Guayaquil, Ecuador

Gastón y Prudencio son socios en un pequeño negocio.

Les ha ido muy bien en los años de vacas gordas, pero ahora que estamos en las vacas flacas la cosa comienza a cambiar.

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Ambos trabajan muy duro para mantener a sus familias y están cortos de efectivo. Un día, Gastón le dice a Prudencio que necesita más plata. Que tiene que ponerse al día con unos pagos vencidos de deudas acumuladas por viajes y una pequeña inversión inmobiliaria, fuera de la sociedad, que al final no le resultó. Por lo tanto, piensa sacar $10.000 de la cuenta, para que se los carguen como anticipo a sus utilidades.

Prudencio, le contesta a su socio que la situación está complicada para todos y que es probable que este año, por primera vez, no vayan a generar utilidades. Por eso, le parece mejor que esperen hasta a final de año, usando el poco efectivo que tienen en pagar la nómina a sus empleados, y si es que el negocio da utilidades, después de impuestos, se distribuyen lo que quede.

Gastón le contesta que él necesita más la plata que Prudencio. Porque sabe muy bien que Prudencio tiene al menos unos fonditos de ahorro. Así que Prudencio debe comprender a Gastón y ser solidario, aflojando el billete.

Esta historia tiene que ver con tres cosas importantes para el comercio: los impuestos, el ahorro y la confianza. Primera lección: más impuestos no son la solución, y en crisis, son la perdición. Al igual que no está bien que se le pida a Prudencio que entregue un dinero que no tiene, tampoco es correcto que se obligue a las empresas a pagar un Impuesto a la Renta “anticipado” cuando no sabemos si habrá o no utilidades. Lo justo es pagar después de conocer si la empresa da utilidades o no.

Por eso, ese flujo de dinero en lugar de ir al Estado, debe destinarse a pagar la nómina y a mantener el negocio en marcha. Los comerciantes creemos que hay que pagar impuestos, pero en el momento justo.

Y por eso la Cámara de Comercio de Guayaquil ha expresado públicamente a las autoridades que eliminen el anticipo del impuesto a la renta. Más claro: renta ganada = renta pagada.

Una segunda reflexión es que siempre es mejor ahorrar que despilfarrar. Resulta injusto para el comercio cuando un Gobierno, parecido a Gastón, no hace sus deberes, es decir, ahorrar cuando hay para cuando no hay, y pretende pasar la factura al comercio de su falta de previsión. En lugar de andar recortando libertades, se deberían enfocar en recortar el gasto público improductivo.

Y un tercer mensaje tiene que ver con la confianza. Con confianza todo se puede, sin confianza, nada. La base de los negocios es la confianza. El emprendimiento de Gastón y Prudencio tendrá futuro mientras exista confianza entre ellos. Porque los negocios no se hacen en el vacío. Los Gobiernos son los que definen las reglas del juego. Nuestra consigna es siempre una sola: necesitamos reglas claras. Se construye confianza cuando se escucha. Si el Gobierno escucha al comercio encontrará soluciones. Necesitamos menos Gastones en el Gobierno. Para que los Prudencios, que sí abundan en el comercio, puedan trabajar y salir adelante.

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