Ecuador. Lunes 5 de diciembre de 2016
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“Las segundas criaturas” y “Un secreto en la caja”: el punto final

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

Tenemos dos imágenes de Marcelo Chiriboga: una literaria, la de Diego Cornejo Menacho (1950) y otra cinematográfica, la de Javier Izquierdo (1977).

Este personaje —la invención de los escritores Donoso y Fuentes para dar a la literatura ecuatoriana un representante en el llamado Boom—  tiene una sorprendente capacidad para sobrevivir, ser reinventado y «reinventarse».

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Primero fue la novela de Diego Cornejo Menacho en 2010 y recientemente el docuficción de Javier Izquierdo Un secreto en la caja. Carlos Fuentes en su testamento de preferencias y olvidos literarios, La gran novela latinoamericana (Alfaguara, 2012) señala que Eloy Urroz, uno de los escritores mexicanos de la generación del Crack hace alguna referencia a Chiriboga. Tanto la novela de Cornejo como el documental de Izquierdo llevan la «broma» Donoso-Fuentes hasta sus límites: por un lado, alcanzan con la broma a los bromistas, y por otro hacen de la ficción lo que debe ser: creadora de realidades más densas, más inabarcables y complejas que la «realidad» misma.

Diego Cornejo Menacho es novelista y también un reconocido periodista. En todo caso no me interesa esta faceta de Diego Cornejo Meneacho, sino la de novelista. Es de los novelistas tardíos y en consecuencia se inscriben en la tradición de Cervantes. Tiene cuatro novelas a su haber: Gato por liebre (Alfaguara 2006), Miércoles y estiércoles (Alfaguara 2008), Las segundas criaturas (Dinediciones, 2010). Su más reciente novela es Inés Aranda (Dinediciones, 2014).

Javier Izquierdo forma parte de la nueva escuela del cine ecuatoriano. Dirigió el documental Augusto San Miguel ha muerto ayer (2003), sobre el primer cineasta ecuatoriano. Este año presentó el docuficción Un secreto en la caja, sobre la vida de Marcelo Chiriboga.

Las segundas criaturas marca un hito en la narrativa de Diego Cornejo. Demoré en tomar la decisión de leerla en parte debido a que a Marcelo Chiriboga le había dedicado un pormenorizado estudio que apareció en la ya extinta Revista Quorum de la Universidad de Alcalá de Henares.  Llevar la «broma« al extremo, significó para Cornejo Menacho dar a Chiriboga una corporeidad envidiable y también una vida que se inicia el día en que murió César Vallejo y termina en el piso del 25 rue Brea, en París desde el cuál podía mirar los árboles del bulevard Raspail. Un único cuadro adornaba las paredes de la habitación de Chiriboga el retrato de la niña de Vernet. Por boca de Chiriboga, en una confesión a su amiga y agente literaria Núria Monclús, nos enteramos que él fue el hombre que desplazó a Fuentes en la preferencia amorosa de Jean Seberg, la actriz gringa —preferencia deleznable por cierto, pues pronto tendría nuevos amores— mientras ella filmaba una película en un pueblo del norte de México. Cornejo cambia la historia que narra Fuentes sobre su relación con la actriz en Diana o la cazadora solitaria.

Cornejo construye un complejo juego literario que solo se descubre al final. Núria Monclús, narra los últimos días vida de Marcelo Chiriboga, los recuerdos comunes que los une y las confesiones que él hace. Se abre una brecha y  no sabremos si Núria, no es más que una ficción del mismo Chiriboga, al igual que toda la novela —una narradora que a su vez es narrada—. Real-ficción o ficciorealismo por el que circula la élite literaria latinoamericana de los sesenta. Las segundas criaturas, título que reproduce el verso de un poema de César Vallejo, marca un hito en la narrativa de Cornejo y porque no decirlo en la narrativa ecuatoriana contemporánea, lástima que lo diga seis años después de su primera edición. Mejor tarde que nunca. Una novela en que el rigor y la creatividad van de la mano.

En el docuficción de Izquierdo, también lleva la «broma» al extremo, en un juego hilarante y provocador, que provocó más de una reacción tan indignada como infundada. El Chiriboga de Izquierdo nace en un país llamado Ecuador y muere sin ciudadanía alguna pues aquel país ha sido engullido por sus poderosos vecinos. No es que se ha fragmentado como Yugoeslavia o la URSS: ¡ha desparecido! No es una locura. En el fondo es abrir el campo de los posibles históricos, las paradojas que no vemos: en 1602, la ciudad de San Francisco de Quito, se decía «del pirú». Véase una de las actas del Cabildo de la ciudad.  Ecuador: invención tardía, línea imaginaria que ha debido recurrir a una nacionalismo extremo parea afirmar su frágil originalidad. Izquierdo juega con ironía sobre ese nacionalismo fundacional. Chiriboga enrostra a sus connacionales el desconocimiento de su obra, el  provincialismo que los caracteriza y su ignorancia y hace del escritor chileno Donoso, una invención.

¡En fin! Chiriboga ha vuelto en el carro alado de una gran ficción gracias a la creatividad de Diego Cornejo Menacho y a la de Javier Izquierdo. Hoy cuenta con dos biografías una literaria y otra cinematográfica. Difieren en mucho. Parecería que se trata de dos seres que son homónimos. Pero ahí está: es uno, el mismo, un juego de vidas paralelas: el de Cornejo muere en su cómodo departamento en París, con todos los honores de un escritor consagrado, mirando el cuadro de Vernet; el otro, alcoholizado y olvidado muere en la vieja casa de hacienda en compañía de su hermana. ¡Dos vidas y dos muertes! Vaya fortuna de Marcelo Chiriboga, el siempre renacido. Considero que Diego Cornejo Menacho y Javier Izquierdo, desde dos narrativas distintas, ponen el punto final a una historia literaria de más de treinta años. Todo lo demás será reincidencia, monotonía.

 

 

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