Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Inaceptable reserva

Eduardo Carmigniani
Quito, Ecuador


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A más de otras obligaciones como el llamado “encaje”, que implica mantener una parte de los depósitos del público en el Banco Central (el porcentaje respectivo acaba de ser elevado, para los bancos “grandes”, del 2 % al 5 %, por resolución 302-2016-F de la Junta Monetaria y Financiera, dictada el pasado 24 de noviembre, la cual, según sus considerandos, se funda en una serie de informes reservados del Banco Central), los bancos deben también aportar mensualmente el 8 % del promedio de sus depósitos al denominado Fondo de Liquidez.

Este fondo, si bien es administrado por un ente público de larguísimo nombre, como es ahora usual, la Corporación de Seguro de Depósitos, Fondo de Liquidez y Fondos de Seguros Privados (COSEDE), y tiene como administrador fiduciario al Banco Central, es y constituye una especie de ahorro que hace cada banco para situaciones de emergencia. Es claro entonces que el dinero pertenece a cada banco.

Al 31 de octubre de 2016, el Fondo de Liquidez (de todas las entidades del sector financiero privado) tenía un total de activos de 2.353 millones de dólares, de los cuales casi la totalidad estaban invertidos en el Banco Internacional de Pagos y en el Fondo Latinoamericano de Reservas, es decir en instituciones, por decirlo de alguna manera, con cero riesgo.

El directorio del COSEDE, integrado por un delegado del Presidente de la República (economista David Villamar Cabezas), y por los ministros Rivera (de Política Económica) y Herrera (de Finanzas), con resolución del 2016-019, del 4 de agosto de 2016, con el pretexto de que el art. 85, 8º, del Código Monetario y Financiero le permite “Calificar como reservada la información que pudiera poner en peligro el normal desenvolvimiento del sistema financiero nacional”, declaró como tal al “Estado de situación con cuentas detalladas a más de cuatro dígitos… del Fondo de Liquidez”.

Semejante decisión, en verdad inexplicada, no puede seguir vigente en aras de, al menos, un transparente manejo de fondos que pertenecen a la banca, y al final del día, a los depositantes.