Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

La corrupción en Sudamérica, por kilómetro cuadrado

Edgar Molina Montalvo
Quito, Ecuador

Desde luego que la corrupción política, esto es sobre los bienes públicos, no es epidemia reciente, surgió con el Estado, hace 5000 años en China; y en Grecia que es nuestro referente cultural en Occidente, hace 2500.

Tras la Edad Media feudal, se establece la monarquía absoluta, máxima expresión de la clase dominante, el uso y abuso de poder en época de la conquista y colonización de hace 500 años. El siglo XVIII ve nacer la concepción republicana liberal y la división del poder en funciones independientes; la autoridad sometida a la Ley y el sufragio popular como expresión de soberanía.  Una ilusión.  Se consolida el Estado-Nación de los últimos 200 años.


Publicidad

No obstante durante la primera mitad del siglo XX sucedieron dos intentos fallidos de  universalizar el poder bajo la consigna de clase o de raza excluyentes, en Rusia y Alemania, ilusiones ahogadas en ríos de sangre. El móvil que las derrumbó fue la lucha por la libertad. En la actualidad la presencia de nuevos actores como China y de nuevos desafíos como el desarrollo tecnológico y la marginalidad mayoritaria de las masas, el poder se hace de la vista gorda frente al hecho evidente que en la epidermis de los esquemas fracasados está la corrupción cuyos goznes empiezan a girar con el estrépito de la globalización.

Sin hablar del fraude universal, de Oriente a Occidente, de Norte a Sur, de Comunismo o Capitalismo, monarquía o república, el tema más recurrente es la corrupción pública, tanto que es posible ubicarla y medirla en el tiempo y en el espacio.  Amén de otras muy propias corrupciones como la valija diplomática, delitos financieros con prófugos protegidos, pobretes de ayer embarrados en millonario petróleo soberano, deuda soberana y el caso Odebrecht, que denuncia internacionalmente sobornos a funcionarios públicos en  el lapso de la actual administración,  está de moda.

Según las cifras publicadas, nuestro pequeño Ecuador resulta tener el más corrupto de los gobiernos de Sudamérica por kilómetro cuadrado. Veamos los tres botones más destacados de muestra. Brasil, gigante de 8.500.000 Km2 con USD 349 millones en sobornos, dan USD 41/Km2; Venezuela de 910.000 Km2 con USD 98 millones de soborno, dan USD 107/Km2; Ecuador con la menor superficie, 280.000 Km2, los sobornados habrían recibido USD 33.3 millones, esto es USD 119/Km2.; el más chiquito, pero con mayor corruptela específica.

Cualquiera sea el desenlace, amén la propaganda, quedará como vívida la advertencia de Lord Acton: El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. En Ecuador el poder político es absoluto.  El problema de la corrupción ha sido, es y será un problema de la libertad.  En todas las latitudes, en las oscuridades de las épocas, aparecieron los libertarios: Sócrates, Espartaco; más cercanos, Bolívar, Lincoln, Mandela; y el más propio y olvidado: Juan Montalvo, quien pudo reivindicar para sí “mi pluma lo mató” a la muerte del tirano. Ningún ecuatoriano tiene la pluma de Montalvo, pero podría reivindicar legítimamente ser su heredero en el Siglo XXI y afirmar “Mi Voto lo mató”.