Ecuador. domingo 19 de noviembre de 2017
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El arte de burlarse de uno mismo

Rhys Davies
Quito, Ecuador

Cuando el autor irlandés Oscar Wilde escribió, en el libro para niños El príncipe feliz y otros cuentos, “soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que estoy diciendo,” estaba describiendo un atributo típicamente anglosajón: el de burlarse a uno mismo.

En inglés esta característica tiene inclusive un sustantivo sin traducción exacta al español. Se llama self-deprecation y consiste en deliberadamente, y normalmente en conversación, restarle importancia a los atributos y logros de uno o reírse de los propios defectos. Es una forma de tomarse el propio pelo, de no tomarse la vida del todo en serio.


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Es estas épocas en que todo el mundo necesita ser importante, todo lo que se hace debe ser destacable, un baño de self-deprecation sería un remedio efectivo contra una sociedad que se parece, cada vez más, a un enorme concurso de talentos.

El miedo existencial a ser un don nadie, nos empuja, desesperadamente, a buscar ser “el don alguien.” ¿Han notado que las vidas sociales de la gente en Facebook lucen notoriamente mejores que las nuestras? ¿Y que los amigos en Instagram son siempre más felices o interesantes que nosotros? Nada más ridículo que la cantidad de likes o seguidores determinen el éxito de nuestras existencias.

Las redes sociales, además de sus obvias bondades,  las usamos para vender una mejorada versión de nosotros mismos. Nos ponemos en una escabrosa vitrina para promover nuestra marca personal y nuestros exagerados atributos y desmesurados logros. En el ámbito profesional, nuestro documento más importante, el résumé o la falazmente llamada Hoja de Vida, no es más que una jactancia engañosa. La obsesión de ser emprendedor exitoso nos ha obligado a llenar nuestros estantes de best-sellers con técnicas para ser líder o llegar a ser millonario en siete pasos. La sociedad nos obliga a lanzarnos flores y a pavonearnos constantemente para convencer o convencernos de que somos alguien, de que hemos llegado (a dónde, no sé). Entonces, ¿Cuál sería el punto del self-deprecation, esta suerte de autoparodia, en nuestra sociedad de TED Talks, conferencistas motivadores y charlas de autoconfianza?

El arte de burlarse de uno mismo es la antítesis a la importancia y la palabrería. Es un acto muy sano en nombre de la verdadera humildad. La capacidad de mirarnos frente al espejo y también de reírnos de nuestras ridículas excentricidades e inseguridades es una manera de hacernos acuerdo de que está bien no ser perfectos y de poner los pies sobre la tierra de vez en cuando. Nos ayuda a ver de verdad a la otra persona, a ser más empáticos y saber que el mundo no gira a nuestro alrededor. A mi modo de ver, una dosis saludable de self-deprecation es una bocanada de aire fresco y nunca está de más en estos tiempos cuando la modestia es casi un sacrilegio. Para mí, no hay nada más gracioso que ver a una persona que esté completamente convencida de su propia importancia. Si no somos capaces de no tomarnos en serio y de burlarnos de vez en cuando de nosotros mismos, no cabe duda de que va ha haber alguien que estará dispuesto a hacernos el favor.