Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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El Morro y sus vinos

Ricardo Noboa Bejarano
Guayaquil, Ecuador

A hora y algo mas de Guayaquil, en una apacible zona del sector de la parroquia El Morro, cantón Playas, se encuentran algunos emprendimientos importantes.

Si uno se interna por un camino secundario cercano a la localidad de San Antonio, observará las instalaciones de un ingenio azucarero, de cultivos de palma africana, de banano y otros. Pasando algunas de estas instalaciones se llega, nada mas y nada menos, que a un viñedo. Si, tal como se lee. A un viñedo hecho como Dios manda: con sus plantas todas en línea, con sus uvas de diferentes variedades, sus instalaciones industriales para la fermentación y embotellado, sus controles de calidad y demás. Enólogo mendocino incluido, a fin de monitorear la evolución del proceso y entregar al consumidor final un producto de excelente calidad.


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Tanto, que varios de sus vinos han ganado premios de excelencia en Estados Unidos y Europa. Y todo ello en la Costa ecuatoriana. Difícil de creer. Desafiando las creencias de que los viñedos necesitan de los cuatro climas para producir excelentes cosechas, o al menos de un clima muy templado como puede ser el de Napa Valley o en general de la costa oeste de los Estados Unidos, un grupo de audaces emprendedores depositaron su confianza en este suelo costeño sujeto a los vaivenes de las lluvias, los mosquitos y el calor para plantar una buena variedad de uvas y lanzarse a la aventura.

Una aventura empresarial compleja, dado el difícil entorno político y jurídico que rodea los emprendimientos en el país. Una aventura que, como dice el enólogo que se ha enamorado de Puerto El Morro y de Playas, está produciendo “extraordinarios vinos capaces de competir con los mejores”. Y uno los prueba y lo comprueba. Hasta ahí, la historia, en lo que respecta al sector privado, es maravillosa. Es cuando interviene el Estado, a través de sus diferentes manifestaciones, que se va complicando.

Empezando por el camino de acceso. Un camino difícil de transitar para los vehículos. Parcialmente asfaltado por el Consejo Provincial, al camino le falta mantenimiento. El asfalto se ha destruido y el “zangoloteo” es constante, con la natural afectación de carros y riñones. “Hubiera sido mejor que lo dejen lastrado y no lo asfalten” nos dijo uno de los administradores. Y es así. Si lo asfaltaron, han debido mantenerlo. Y parece mentira: una zona donde los empresarios han decidido creer en el Ecuador, arriesgar, generar empleo e impuestos, no tiene la atención debida del gobierno local en algo tan elemental como adecentar el camino.

Mucho show, mucha cabalgata y quizás poca ejecutoria en sitios donde hay bastante inversión pero pocos votos. Ello en cuanto al gobierno local. Ya en lo macro, uno se pregunta, como el Estado no le hace un monumento a este tipo de empresarios. No me refiero a un monumento de cemento sino a un indispensable conjunto de incentivos. En el primer mundo a estos empresarios se les pregunta: “¿qué mas necesitan?”. Acá les preguntamos: “¿cuántos impuestos nos van a pagar este año?”. Mala cosa.

En un país donde la dolarización tiene que ser mantenida a fin de protegernos de las inflaciones detonadas por las malas políticas macroeconómicas –las que, salvo contadas excepciones, son endémicas-, tiene que haber incentivos claros y fáciles de lograr para los empresarios que se aventuran en los negocios de exportación, pues si bien la dolarización nos da estabilidad, nos resta competitividad. Y esa debe ser la visión que debe tener el buen gobernante. El del gobierno nacional y el del local. Mientras tanto, festejemos y rindamos homenaje a aquellos emprendedores que han creado la “Paradoja” de darnos buenos vinos en zonas tropicales. Algo que hasta hace poco tiempo parecía imposible. Y los han creado …..a pesar de los gobiernos.