Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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La impresionante y dramática historia de un profesor pedófilo

Fue uno de los maestros más queridos de las escuelas internacionales donde estudian los hijos de los diplomáticos y de los ricos. Era a menudo el primero en llegar por la mañana y el último en irse. Llevaba a los estudiantes a sitios exóticos y les daba galletitas con leche cuando se acostaban.

Fue uno de los maestros más queridos de las escuelas internacionales donde estudian los hijos de los diplomáticos y de los ricos. Era a menudo el primero en llegar por la mañana y el último en irse. Llevaba a los estudiantes a sitios exóticos y les daba galletitas con leche cuando se acostaban.


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Esa fue la imagen pública de William Vahey, cultivada cuidadosamente durante cuatro décadas, hasta que una mucama en Nicaragua se robó una unidad de memoria de USB de su computadora en noviembre pasado. Allí había evidencia de que ese maestro modelo había abusado de numerosos niños adolescentes, en una carrera de abarcó más de 10 escuelas en cuatro continentes.

El FBI dijo el mes pasado que al menos 90 niños estaban en las imágenes en la unidad de memoria. El martes, la agencia dijo que ahora ha sido “contactada por varios centenares de individuos de todo el mundo que desean hablar con nosotros como potenciales víctimas o quieren proveer información en la actual pesquisa”.

La agente especial Shauna Dunlap dijo que las autoridades desean que todas las personas posibles se pongan en contacto con el FBI por teléfono o a través de su portal de internet para recibir ayuda y ofrece información sobre el hombre al que el FBI califica de uno de los peores pederastas de los últimos tiempos.

El descubrimiento generó una crisis en la comunidad de escuelas internacionales, en la que a los padres se les está diciendo que sus hijos podrían haber sido víctimas y los administradores se afanan por tomar medidas para evitar que se repitan abusos como los de Vahey.

“Si se toma en cuenta la cantidad de incidentes, me sorprende que esto no haya salido a la luz antes”, expresó John Magagna, director y fundador de Search Associates, la firma reclutadora de personal para escuelas internacionales más grande del mundo. “No sé qué pudo haber pasado”.

Aparentemente, ni siquiera las víctimas de Vahey sabían que habían sido sometidas a abusos. Las galletitas Oreo que les daba tenían pastillas para dormir, en dosis suficientes como para que los niños perdiesen el conocimiento y pudiesen ser toqueteados y fotografiados desnudos.

Vahey, de 64 años, intentó suicidarse en Nicaragua luego de que su mucama se robó la memoria. Sobrevivió, pero se mató en un segundo intento, clavándose un puñal y dejando a cientos de exestudiantes suyos con la incertidumbre de si fueron víctimas de abusos o no.

El angustiado padre de un estudiante de Caracas dijo que su hijo, como tantos otros, preferiría no enterarse, pero que el muchacho no puede dejar de pensar en un hecho: “Comía las galletitas”, señaló el padre, quien pidió permanecer anónimo para proteger la identidad de su hijo. “Todos lo hacían en esos viajes”.

A lo largo de las décadas hubo numerosas oportunidades de desenmascarar a Vahey, empezando por el hecho de que fue convicto de abusos sexuales en California a fines de los años 60, lo que no impidió que fuese empleado varias veces en sitios donde estaba en contacto con menores.

En 1969, Vahay, hijo de un piloto condecorado de la Segunda Guerra Mundial, fue arrestado y acusado de abusos sexuales de menores luego de que la policía dijo que había manoseado las partes íntimas de ocho niños de entre siete y nueve años de edad en una escuela del condado de Orange de California en la que fue instructor de natación.

Vahey, quien tenía por entonces 20 años, declaró a las autoridades que había comenzado a toquetear a niños sin su consentimiento cuando tenía 14 años, durante un campamento de boy scouts. Afirmó que le tocó los genitales a menores cuando dormían otras cuatro veces antes de ser detenido.

Un psiquiatra le diagnosticó una “personalidad inadecuada”, pero dijo que ese trastorno no lo predisponía a cometer delitos sexuales. El tribunal incluso le permitió trabajar como asistente de maestros en una escuela pública después de su arresto.

Vahey se declaró culpable de comportamiento libidinoso y fue condenado a 90 días de cárcel y a cinco años de libertad vigilada, con la condición de que fuese supervisado por alguien cuando estaba con jóvenes menores de 16 años. Luego de dos años, sin embargo, se le permitió salir del condado en enero de 1972.

Ese tipo de contemplaciones era común en esa época, de acuerdo con Dan Scott, detective jubilado que trabajó durante 26 años con la policía de Los Angeles investigando abusos de menores. “Nadie perseguía a quienes cometían ese tipo de infracciones”, sostuvo.

Se le exigió a Vahey que se apuntase en un registro de personas que cometieron abusos sexuales y que informase de cualquier cambio de dirección si se mudaba. El se apuntó en el registro, pero nunca actualizó la información.

Vahey comenzó su carrera como maestro internacional en la American School de Teherán, en la primera de varias escalas en Oriente Medio, Europa y América Latina. Enseñó historia, estudios sociales y otros temas en el Líbano, España, Irán, Grecia, Indonesia, Arabia Saudita, Venezuela y Nicaragua, casi siempre a niños de entre 10 y 14 años.

Cuando llegó a Arabia Saudita estaba casado y tenía dos hijos con Jean Vahey, una administradora escolar muy bien considerada. Además de enseñar, era técnico de básquetbol e hizo con sus estudiantes viajes a Bahrein, Turquía, Africa y Centroamérica.

Estuvo 12 años en Arabia Saudita, donde mostró lo que pareció una genuina preocupación por los menores, de acuerdo con Max Crum, un ex estudiante de 38 años.

“Cuando eres niño y tienes maestros severos y crueles, les temes. Él no era así”, expresó Crum.

Hacia 1992, Vahey y su esposa fueron a trabajar a la prestigiosa Escuela Internacional de Jakarta, en Indonesia.

“Le caía bien a todos los chicos”, comentó Will Julius, un exalumno de 21 años , hijo de un maestro que trabajó por años en esa escuela.

Diez años después la pareja consiguió trabajo en la Escuela Campo Alegre de Venezuela, donde Jean llegó a ser superintendente, o directora, y su marido maestro en el hermoso campus ubicado en una colina desde la que se ve Caracas.

Las nuevas contrataciones debían presentar un informe con sus antecedentes policiales en su país de origen o del último país donde trabajaron si habían estado allí más de cinco años. Vahey presentó uno de Indonesia, en el que no se reportaban problemas.

De vuelta en Venezuela, el popular maestro y su familia hicieron numerosos viajes con los niños, algunos de ellos organizados por ellos mismos, como una escapada anual de una semana a Costa Rica con 20 o 25 estudiantes, según padres y empleados.

Las autoridades tal vez dejaron escapar un claro indicio de lo que estaba pasando cuando enseñó enVenezuela: dos estudiantes suyos tuvieron que ser llevados de urgencia a un hospital tras perder el conocimiento en un hotel durante un viaje escolar, según relataron los padres y empleados del hotel. Las autoridades no pudieron determinar cuáles habían sido las razones de los desvanecimientos y lo atribuyeron a una posible falla en el acondicionador de aire.

El superintendente Gregory Hedger comentó que, cuando fue nombrado, le sorprendió enterarse que se habían permitido ese tipo de excursiones y suspendió de inmediato toda salida que no fuese auspiciada por la escuela.

Siete años después los Vahey fueron a trabajar al campus de Westminster de la Southbank International School de Londres, donde había 350 alumnos de 70 nacionalidades.

Luego de un año, Vahey fundó el “Travel Club”, o Club de Viajes, de acuerdo con un artículo de la revista Focus del 2012. El portal de la escuela describe un viaje de 13 días a Nepal en el 2012, que incluyó caminatas por el Himalaya, viajes en balsa y un safari en elefantes. En el 2013 el viaje fue a Panamá.

El director de Southbank, Chris Woodhead, le dijo a la Press Association británica que había habido más de una queja de Vahey. Un niño se sintió mal, indicó, y Vahey se lo llevó a su habitación supuestamente “para cuidarlo”.

“Unos pocos meses más tarde un maestro escuchó algunos rumores en un minibús y el incidente fue investigado”, señaló Woodhead. “Pero los padres coincidieron en que no había sucedido nada inapropiado y que no se debían tomar medidas”.

Cuando Vahey fue a la American Nicaraguan School con grandes recomendaciones, su esposa se quedó en Londres.

En Nicaragua enseñó historia mundial y geografía de una forma tan entretenida que los alumnos preguntaron por qué otros maestros no podían hacer lo mismo. No llamó la atención a sus vecinos hasta poco antes del día de Acción de Gracias.

Ese fin de semana, luego de que Vahey despidiese a su mucama por robar, no volvió a salir de la casa, según Rafael, un cuidador de la vivienda que no quiso dar su nombre por lo delicado del tema. El domingo la casa estuvo a oscuras todo el día. El lunes empleados de la escuela ingresaron a la vivienda usando una llave maestra que encontraron y vieron el cuerpo inmóvil de Vehay en su cama. Personal de emergencia lo dio por muerto.

La directora de la escuela, Gloria Doll, le envió un mensaje a maestros y padres informando del deceso y diciendo que “se le extrañará mucho, pues fue una parte integral de nuestra comunidad”.

Cuando sacaban el cuerpo en una bolsa negra, relató Rafael, alguien pegó un grito de horror. Vahey estaba vivo.

Un médico del hospital adonde fue llevado dijo que tenía un pulso débil y un alto nivel de toxinas, pero que podía regresar a su casa a los dos días. El médico habló a condición de no ser identificado porque no estaba autorizado a tocar el tema.

“Lo único que sabemos es que sigue con nosotros y eso es una noticia muy buena, maravillosa”, escribió Doll a la escuela ese mismo día.

Vahey le dijo a sus colegas que había sido mordido por una araña venenosa.

A principios de diciembre le envió una carta a la escuela diciendo que estaba “mucho mejor” y que se iría a Atlanta para unos exámenes médicos. “Prepárense para un gran segundo semestre. No veo la hora de regresar a la escuela en enero”.

A principios de marzo, la mucama que se robó la unidad de memoria reapareció y se la entregó a Doll, diciéndole que debía mirar su contenido. Contenía archivos con los nombres y las fechas de viajes escolares tomados a partir del 2008. “Viaje a Panamá”, “Viaje a Costa Rica”, “Viaje del Básquetbol” y “Primavera del 2013”.

Doll hizo clic en el último archivo y halló fotos de niños inconscientes, muchos de ellos con el cabello rubio o colorado, de entre 12 y 14 años. Algunos no tenían pantalones y una mano les tocaba los genitales. Otros estaban en posiciones que daban a entender que estaban en un acto de sexo oral.

Doll encaró a Vahey, quien le dijo, según un affidavit del FBI, que le había dado a los niños pastillas para dormir. “Abusaron de mí cuando era niño, por eso hago esto. Lo he hecho toda mi vida”, le dijo Vahey, de acuerdo con el documento.

Vahey afirmó que había ingerido más de 100 pastillas para dormir en noviembre, después de darse cuenta de que la memoria de USB había desaparecido.

Doll exigió la renuncia de Vahey, según el affidavit, y al día siguiente reportó el caso a la embajada estadounidense en Managua, de acuerdo con las autoridades. Funcionarios de la embajada acudieron a la policía, pero Vahey ya se había escapado del país.

Se había ido a Atlanta.

En Miami, donde hizo un cambio de aviones, un agente especial del FBI le informó de la investigación. Pero no encontró nada ilegal en una bolsa que llevaba y no pudo retenerlo.

El 14 de marzo la escuela le dijo a los padres que Vahey había renunciado.

El maestro viajó a Luverne, Minnesota, donde viven su hermano, su cuñada y su madre. Se alojó en un hotel y se clavó un puñal en el pecho, dejando una nota a su familia en la que pedía perdón.

“Es uno de los pedófilos más prolíficos que hemos visto aquí”, expresó el agente especial del FBI Shauna Dunlop. “Y la cifra (de víctimas) sigue aumentando. Sigue llegando gente que nos contacta”.

La policía dijo que al menos 60 de las 90 imágenes de niños que había la memoria de USB eran de la escuela de Southbound, donde muchos padres han dicho que no quieren saber si sus hijos fueron víctimas de abusos o no.

Woodhead responsabiliza de los abusos al sistema estadounidense.

“¿Cómo se explica que haya sido habilitado para trabajar como maestro en Estados Unidos? ¿Cómo puede ser que esta información nunca estuvo disponible para ninguna de las escuelas de todo el mundo que lo emplearon en los últimos 40 años?”, preguntó en una entrevista con la Press Association.

En Venezuela varios hombres están suministrando información que indica que pueden haber sido víctimas de abusos.

“No sabemos quiénes fueron drogados. Por ahora simplemente tomamos nota”, dijo el superintendente Hedger. “Hay una gran sensación de que fueron traicionados. Era uno de los maestros más populares de la escuela, si no el más popular”.

Una mujer que atendió una llamada en un teléfono registrado a nombre de Jean y Bill Vahey colgó sin hablar cuando llamó un periodista de la AP. No fue posible tampoco hablar con los hermanos e hijos de Vahey.

El descubrimiento de los abusos ha hecho que las escuelas de este tipo reformulen sus políticas de reclutamiento de personal y hagan controles de antecedentes más estrictos.

Una de las víctimas de abusos de Vahey cuando era instructor de natación en Westminster, California, dice que ha revivido recuerdos de esos episodios, ocurridos cuando tenía nueve años.

“Claro que me molesta que una persona como esa no haya estado supervisada ni se le hayan seguido los pasos los últimos 45 años”, declaró el hombre, con la voz entrecortada. “Lo encuentro muy grave. La pregunta que surge es, ¿cómo puede ser que el sistema haya permitido que sucediese eso?”’.

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Por MICHAEL WEISSENSTEIN y TAMI ABDOLLAH, Associated Press. Weissenstein informó desde la Ciudad de México y Abdollah lo hizo desde Los Angeles. En este despacho colaboraron los reporteros de AP Luis Manuel Galeano (desde Managua), Adam Schreck (Dubai), Niniek Karmini, Margie Mason (ambos desde Jakarta), Joshua Goodman (Caracas), Jill Lawless, Sylvia Hui (ambas desde Londres) y Carson Walker (Luverne, Minnesota).