Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Seattle adapta el precio del transporte público a ingresos del usuario

Transporte público en Seattle. Foto de es.dreamstime.com

Seattle (EE.UU.), 8 mar (EFE).- La ciudad de Seattle debe hacer frente, como muchas otras metrópolis de EEUU, a una brecha cada vez más profunda entre sus vecinos ricos y pobres, una situación a la que ha dado respuesta adaptando las tarifas del transporte público a los ingresos de cada usuario.


Publicidad

Desde principios de este mes, aquellas familias cuyos ingresos globales no superen el doble del umbral de pobreza pagan casi la mitad que el resto de usuarios por utilizar servicios de transporte público como la red de autobuses, el tranvía, los trenes metropolitanos y los ferris entre ciudades del ámbito metropolitano.

Se trata de una medida pionera en Estados Unidos por su ambición, ya que si bien otras ciudades como San Francisco disponen de programas similares, éstos tienen unos efectos muy limitados, y en el caso de la ciudad californiana sólo el 5,7 % de usuarios se benefician de ella.

En Seattle, sin embargo, el condado de King (la administración supramunicipal responsable de gestionar la red de transporte) estima que hasta 100.000 usuarios podrían beneficiarse de la medida, ya que ampara a todas aquellas personas que, por ejemplo, vivan solas e ingresen menos de 23.340 dólares anuales (21.513 euros).

En el caso de las familias de tres miembros, pueden solicitar la reducción tarifaria los hogares que ingresen menos de 39.580 dólares al año (36.483 euros); y en el de las de cuatro miembros, aquellos que no superen los 47.700 dólares (43.968 euros).

Se trata, por tanto, no sólo de hogares de los habitualmente clasificados como más humildes, sino también de aquellos normalmente considerados de clase media-baja.

Según datos del condado de King, desde que empezó el siglo XXI casi todos los nuevos hogares creados en la demarcación albergan a familias ricas (con ingresos anuales superiores a los 125.000 dólares -115.220 euros-) o pobres (menos de 33.000 dólares -30.418 euros-), es decir, sin apenas lugar para la clase media.

Este fenómeno se explica en gran medida por la consolidación durante las pasadas dos décadas de Seattle y sus alrededores como uno de los mayores polos de atracción de la industria tecnológica del país, justo por detrás del binomio San Francisco-Silicon Valley.

Los años dorados de Microsoft en la década de los noventa y principios de los 2.000, la irrupción de Amazon y la creación de un auténtico vivero de empresas emergentes (“start-ups”) de lo más variadas potenciaron la llegada a la zona de decenas de miles de empleados altamente cualificados y con elevado poder adquisitivo, muchos de ellos jóvenes y sin vínculos familiares, lo que derivó en un proceso bautizado como gentrificación.

La gentrificación, que también afecta con especial virulencia otras ciudades de EE.UU. como San Francisco, el barrio de Brooklyn en Nueva York y la capital del país, Washington, dispara los precios de la vivienda y el coste de la vida en el núcleo urbano, de manera que sus residentes más humildes se ven desplazados a los suburbios o a ciudades dormitorio.

En el caso de Seattle, los responsables del condado de King han admitido que si esta situación no se remedia puede llegar a darse el caso de que los antiguos residentes pobres que ahora viven en los suburbios no puedan costearse el precio del transporte para ir cada día a trabajar a la ciudad.

Se da la circunstancia de que una gran parte de esta población trabaja en el sector servicios y son, por ejemplo, los empleados de la limpieza, de seguridad, comerciantes, dependientes, camareros, cocineros o incluso los conductores de autobús que permiten el funcionamiento diario de la urbe.

Si llega un momento en el que a este sector de la población no le sale a cuenta desplazarse a diario a trabajar a Seattle, los responsables municipales temen que la boyante economíade la ciudad pueda verse perjudicada.

Es este el contexto en el que se enmarca la nueva medida tarifaria para el transporte público, que permite a los ciudadanos con menos poder adquisitivo tomar un autobús por 1,5 dólares (1,1 euro) por viaje en lugar de los 2,5 dólares (2,3 euros), que pasan a 2,75 dólares (2,5 euros) en hora punta, para el resto de los usuarios. EFE