El Gobierno utiliza argumentos cada vez más débiles para sustentar su discurso de recuperación económica

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2 Feb 2017

Desde hace algunos meses, el Gobierno ha tratado de instalar la idea de que la economía ecuatoriana dejó la crisis atrás (crisis que en el discurso oficial fue provocada sólo por factores externos) y que ha entrado ya en una fase de recuperación. Para eso, además de las declaraciones de las autoridades económicas, se ha valido de las cuentas oficiales de distintas instituciones en Twitter, donde utiliza el hashtag #RecuperacionEconomica. Los primeros argumentos que se usaron para sustentar esa presunta recuperación ya eran frágiles –como el superávit de la balanza comercial (que no se explica por un crecimiento de las exportaciones sino por el desplome de las importaciones) y el aumento de los depósitos en los bancos (que, si bien muestra la confianza de los agentes en el sistema, responde a la masiva inyección de recursos procedentes de nueva deuda)–, pero varios de los que se han empezado a mencionar en los últimos días se derrumban con el primer análisis.

Ese es el caso, por ejemplo, de la caída en la tasa de inflación, que según un reciente tuit desde la cuenta oficial del Banco Central, es una señal de recuperación económica. En 2016 los precios al consumidor en Ecuador acumularon un alza de 1,12%, “la más baja en los últimos 10 años”, como señala el Banco Central. Una baja tasa de inflación es una noticia positiva porque permite que los salarios mantengan su poder adquisitivo. No obstante, los factores que explican la reducción de la tasa de inflación en Ecuador están lejos de ser un reflejo de una recuperación de la economía. El descenso en la inflación, de hecho, no responde a un incremento en la productividad que ha permitido a las empresas ofrecer sus productos a precios más competitivos, sino a la caída del consumo que las ha obligado, en muchos casos, a reducir sus precios para no seguir perdiendo ventas.

Las cifras oficiales que reflejan de manera más contundente la contracción en el consumo son dos: las cuentas nacionales que publica el Banco Central (donde el consumo de los hogares viene registrando contracciones interanuales desde el tercer trimestre de 2015, tendencia que, según las proyecciones oficiales, continuará en 2017) y las estadísticas del SRI (según las cuales en 2016 la recaudación de IVA interno se contrajo 9% frente a 2015 e incluso en el último trimestre del año pasado, luego de la enorme inyección de recursos, registró una leve caída interanual de 0,3%). La contracción del consumo se refleja también en otros indicadores. Por ejemplo, las empresas del sector comercial encuestadas por el Banco Central señalan haber contraído su demanda laboral a lo largo de todo 2016, incluso en los últimos meses del año, cuando las ventas navideñas suelen traducirse en una mayor contratación de personal. Por otro lado, la última Encuesta de Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC muestra que la percepción de los consumidores sobre la situación económica del país y de sus hogares es mucho más pesimista que en períodos similares de años pasados, lo que limita su disposición a gastar[1].

Otra señal de la recuperación económica, según la cuenta de Twitter del Banco Central, es que la “opinión de los empresarios del sector industrial subió en diciembre de 2016”. Nada dice ese tuit sobre el hecho de que, según la misma encuesta, en diciembre se contrajo la demanda laboral en el sector industrial y que los empresarios encuestados proyectaban una nueva caída para enero (lo mismo ocurre con la demanda laboral de comercio, servicios y construcción); tampoco menciona que la utilización de la capacidad instalada en la industria (y también en los demás sectores señalados) está en niveles mínimos; o que en el cuarto trimestre de 2016 apenas el 15% de las empresas de esos sectores consideraban que era un buen momento para endeudarse, muy por debajo de los niveles superiores del 30% de los años de crecimiento.

Para el Gobierno incluso el pago de atrasos a los gobiernos seccionales es una señal de recuperación de la economía, como si esos pagos no fueran una obligación que el Ejecutivo tenía pendiente y que, además, se saldará en parte con títulos del Banco Central, generando un nuevo pasivo para el Presupuesto.

Además del Banco Central, el Ministerio de Finanzas, el de Política Económica, el SRI, entre otras instituciones, han utilizado sus cuentas oficiales en redes sociales para hablar de la supuesta recuperación económica. Seguramente lo seguirán haciendo a lo largo de la campaña electoral, usando en muchos casos argumentos tan endebles como los que hemos analizado o indicadores que, lejos de mostrar una real recuperación de la economía, son fruto únicamente del irresponsable proceso de endeudamiento que el Gobierno ha llevado a cabo en los últimos meses.

 

[1] El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) del Banco Central se calcula en base a la información levantada por el INEC. Los llamativos saltos que ese índice registró en septiembre y octubre (y que algunas autoridades económicas también señalaron como una muestra de la presunta recuperación) no coinciden con los resultados que se obtienen al revisar la base de datos de la encuesta. Sin dar una explicación, el Banco Central dejó de publicar desde noviembre los informes del ICC.

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