El mito de la reciprocidad comercial

Carlos Cobo Marengo

Guayaquil, Ecuador

Mucho se ha hablado estas semanas acerca del acuerdo de comercio recíproco firmado con Estados Unidos que libera de aranceles al 53% de nuestras exportaciones no petroleras; así como también, facilita la importación de productos con beneficios arancelarios y no arancelarios. Esta situación ha generado debate porque muchos consideran que Ecuador cede demasiado a las exigencias de este país y que no es realmente recíproco.

Ante esto, es importante aclarar primero que una nación se beneficia del libre comercio aunque otros países mantengan aranceles o restricciones. Primero porque el libre comercio beneficia al consumidor, se ha dicho que podría entrar pollo, maíz, leche en polvo, entre otros productos con una rebaja de aranceles como si esto fuese algo malo.

Pero la realidad es que esto permite que los ecuatorianos tengamos acceso a bienes mejores y más baratos, esto es positivo para el bolsillo de los consumidores y para las empresas que comprarán insumos a mejores precios, aumentando el nivel de competencia y mejorando la eficiencia productiva. Las barreras solo empobrecen al país que las impone.

El comercio no es una competencia entre países, y el objetivo del comercio no es ganarle a otros, es un intercambio voluntario entre individuos donde ambas partes ganan.

En segundo lugar, está el error de creer que solo debemos abrirnos al comercio si el otro país también lo hace, pero esto es equivocado, cuando un Estado impone barreras al comercio solo se perjudica a sí mismo porque encarece los bienes a sus ciudadanos.

La lógica es simple, abrirnos al comercio significa más competencia, más bajos precios, mayor acceso a bienes y tecnología y mayor integración productiva, el beneficio no depende de que otras naciones hagan lo mismo.

Otra excusa es que Estados Unidos subsidia a sus agricultores y que sus productos llegarían muy baratos al Ecuador a costa de perjudicar la producción local,  pero esto es un problema para quien lo paga, que son los pagadores de impuestos de dicho país, los ecuatorianos en todo caso nos beneficiamos.

El problema de fondo para los sectores productivos que se sienten en desventaja no es un problema de reciprocidad sino de: regulaciones excesivas, altos impuestos, inseguridad jurídica y falta de competitividad interna, es decir de barreras que han sido impuestas por nuestro propio gobierno.

Es cierto que tenemos algunas tareas pendientes, como lograr mejorar las condiciones del resto de nuestras exportaciones, pero es importante aclarar que el comercio no nos debilita, aun cuando el acuerdo no sea completamente recíproco, el verdadero debate es porque seguimos teniendo un país lleno de trabas para producir, invertir y competir. Mientras no resolvamos eso, ningún acuerdo comercial será suficiente.

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