La política de fabricar enemigos imaginarios

Joselo Andrade

Guayaquil, Ecuador

Se cuenta que, en el intento de conquistar las Galias, el general romano Julio César requería del respaldo del Senado romano, situación que en principio no se presentaba fácil, por lo que ideó una estrategia para ganar la adhesión del pueblo romano: escribir y contarle de primera mano sus experiencias en aquellas tierras desconocidas.

Desde luego, la conquista de las Galias le traería fama, riquezas y poder. Sin embargo, solo tenía bajo su gobierno una parte de ellas. Era necesario, en este sentido, crear una sensación de necesidad para ir por más territorio galo, y la ocasión se dio cuando, en medio de un movimiento migratorio por parte de los helvecios en el año 58 a. C., el afamado general encontró el pretexto que necesitaba.

Hasta ahí el relato que sirve de antecedente para mencionar que desde que llevamos cuenta de los acontecimientos históricos, ha sido necesario contar con el respaldo de la gente, instalar una cierta narrativa favorable a los intereses de quien la formula y, por último, encontrar una supuesta justificación que otorgue sentido a esa narrativa y a las acciones que se siguen de esta. No en vano Carlos Alberto Montaner (+) sostenía que lo más curioso de nuestra discusión era que esencialmente no había cambiado en los últimos dos mil quinientos años.

Ahora bien, es plausible contar con el respaldo de la gente, comunicar lo que pasa y lo que se aspira a lograr y, desde luego, tomar una ruta coherente con los objetivos planteados; lo que no es correcto o moral es fabricar enemigos ahí donde no los hay. Este es el elemento que permite valorar determinadas acciones como adecuadas o erróneas, pues no hay justificación moral alguna en señalar como enemigos a quienes en realidad no lo son.

Hasta aquí, todo lo expuesto me lleva a señalar que mostrar como quienes ponen en riesgo de apagones a las familias ecuatorianas a grandes empresas, cuyo pecado es producir, generar riqueza, trabajo y todo lo beneficioso que se sigue de la labor que llevan adelante los empresarios, es apuntar en la dirección equivocada, por motivos equivocados, y lo que se sigue de ello no solo no contribuye de forma alguna a la solución del problema existente, sino que genera una suerte de guerra civil, en la cual quien sí tiene parte de la culpa es el único al que no se debe mirar.

Describir que nos encontramos ante un grave problema, que este es de compleja solución, que se hace todo lo posible y que existe el compromiso de hacer todo lo que esté al alcance, a pesar de todas las restricciones de la realidad, es realmente lo que se requiere, y no la fabricación de enemigos ahí donde no los hay, pues la sinceridad siempre es la mejor política, la que construye puentes y logra sostenerse en el tiempo.

Seguimos conversando.