Humbert Humbert y el cangrejo
Quito, Ecuador
“La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la tierra, más que a nada anhelado en este mundo.” Algo así habrá pasado por la mente del profesor enamorado. “Oh, Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante”.
