Guayaquil, Ecuador
Viendo con objetividad la situación a la que está abocado el país y al presidente de la República, Guillermo Lasso, enfrentado al juicio político que está en proceso (una vez que la Corte Constitucional dio luz verde), tenemos los siguientes posibles escenarios:
La renuncia está entre las causales constitucionales que el presidente de la República voluntariamente deja la presidencia. Le sucede el vicepresidente. Una vez investido este, envía una terna a la Asamblea para que sea elegido el vicepresidente, y deberá concluir el mandato para los 4 años para los que fueron elegidos.
El presidente de la República se allana al juicio político. Se requieren 92 votos a favor de la destitución (las dos terceras partes de los 137 asambleístas). Si hay 92 votos, el presidente es despojado de su cargo y lo reemplaza el vicepresidente; al contrario, si no hay los 92 votos, el presidente sigue gobernando hasta completar los cuatro años para el que fue elegido.
El presidente de la República disuelve la Asamblea Nacional y decreta la muerte cruzada. De acuerdo a la Constitución, tiene la potestad de hacerlo en cualquier momento. Se adelantan los comicios para elegir presidente, vicepresidente y asambleístas, y mientras eso sucede, el presidente gobierna a través de decretos-ley.
Declararse dictador con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Ciertamente es el escenario menos probable. Aunque en política en nuestro país, todo es posible… hasta se puede «ver tostar granizo».
Conclusión
Desde mi punto de vista, lo que menos conviene es la «muerte cruzada». Correa alienta esa posibilidad, porque según sus cálculos con cualquier candidato ganaría las elecciones frente a una veintena de candidatos de la oposición.
Lo que primero haría su marioneta, desde la Presidencia, es indultarlo o, a través de sus jueces incondicionales que mantiene, simplemente anularían la sentencia de ocho años que tiene a su haber. Eso le permitiría volver al Ecuador y gobernar tras bastidores.
Luego se convocaría a una Constituyente que le permitiría volver a ser candidato y ser elegido en forma indefinida como los crueles dictadores Ortega o Maduro, para que luego de su muerte le suceda probablemente alguno de sus hijos, instaurándose la dinastía Correa.
No es nada descabellado. La realidad supera al realismo mágico.

