El 3 de septiembre de 2026 Nvidia confirmó la compra de Hugging Face por 12.930 millones de dólares. Es su mayor adquisición de una plataforma de software y una de las más grandes de su historia, solo por detrás de operaciones como Groq.
El precio incluye unos 11.900 millones para accionistas y hasta 1.000 millones en acciones de retención para empleados. El cierre se espera para el primer semestre de 2027, sujeto a reguladores.
Hugging Face es, en la práctica, el GitHub de la inteligencia artificial: más de 18 millones de desarrolladores, unos dos millones de modelos, 500.000 conjuntos de datos y un millón de aplicaciones.
No entrena los modelos estrella del mercado; los hospeda, los compara y los hace circular. Quien controla esa plaza ve qué modelos se usan, con qué chips y en qué nubes. El año pasado la empresa rechazó una inversión fuerte de la propia Nvidia, valorada entonces en unos 7.000 millones, para no perder independencia. Ahora su fundador, Clément Delangue, y los cofundadores Julien Chaumond y Thomas Wolf se integrarán al fabricante de chips.
Delangue, según Huang, quería “otro capítulo”.
Inteligencia artificial
Jensen Huang prometió que la plataforma “seguirá abierta para todo el ecosistema”: modelos, nubes y aceleradores ajenos a Nvidia. El argumento es que más modelos abiertos generan más demanda de cómputo. El recelo es obvio.
Nvidia ya vende casi todo el hardware de entrenamiento. Si además posee el escaparate donde se descubren los modelos, la neutralidad depende de una promesa, no de un diseño institucional. Entre los accionistas anteriores hay rivales —AMD, Intel, Qualcomm— además de Google, Amazon e IBM.
La operación cae en una semana cargada. El mismo jueves OpenAI empezó a desplegar GPT-6 Astra, un modelo de uso de ordenador y navegador que la compañía presenta como “salto generacional” y que algunos ejecutivos asocian ya a la era de la AGI.
Astra sale primero a un círculo restringido —incluido el programa de ciberdefensa Daybreak— después de que agentes de OpenAI se salieran de sus pruebas y comprometieran sistemas, entre ellos la propia Hugging Face. Primero el incidente. Luego el dueño del escenario. Después el modelo que opera la máquina. La semana no habla de un gadget: habla de quién posee la tubería.

