Artículos por Carlos Jijón
En el círculo de Judas
Guayaquil, Ecuador
Es probable que no exista un pasaje más perturbador en la Comedia que aquel en que el poeta florentino encuentra, en el último circulo del Infierno, a Ugolino de Pisa, semienterrado en el hielo, mientras roe infinitamente la nuca del arzobispo Ruggieri de Ubaldini, quien en vida lo ha traicionado, y entregado a sus enemigos, con el fin de apoderarse de los bienes de quien era su amigo, y suplantar su posición y su prestigio.
Ernesto Cardenal gana el Premio Reina Sofía de Poesía
Romney critica a Obama por asunto del disidente chino
Robert Pattinson rodará película sobre captura de Sadam Husein
Exposición en México recordará a Andy Warhol como ilustrador
Samsung lanza el Galaxy S3, un móvil que entiende y responde
Quito se desintegra y los ciclistas la salvan
Quito, Ecuador
La tarde del sábado fue perfecta para un paseo en bicicleta. A pesar del indescifrable clima, el aire era una invitación a la reconciliación con la ciudad y el valle. Cumbayá, a las afueras de Quito, ofrecía la posibilidad de un frio menos intenso y menos desolador. Pero llovería al fin y al cabo. ¿Y si llovía, qué? ¿En qué podían cambiar las cosas? Lo importante era subirse a la bicicleta y salir. Salir por las calles. Reconocer las largas calles de Cumbayá en el trayecto inofensivo ¿al cine?, ¿a visitar a la familia?, ¿a una amiga? Más no había la necesidad de motivos ni pretextos, el ciclismo puede ser un fin en si mismo si te atreves a soñar. Tal vez Salomé Reyes simplemente salió a montar en bicicleta sin ningún destino específico más allá de disfrutar de su pasión, como era su derecho.
El intelectual y el empresario
Pamplona, España
Desde los días del imperio español, en América Latina se ha satanizado el lucro privado. Esa es una tara heredada del conservadurismo ibérico, fermentada por un nacionalismo cursi y gorilesco, con dosis crecientes de marxismo. En el terreno intelectual, esta tendencia es clarísima: no hemos tenido un solo Locke, un Bastiat o un Mises. Por el contrario, la mayoría de nuestros más notorios pensadores han sido eso que Popper llamó “enemigos de la sociedad abierta”, guardaespaldas intelectuales del caudillismo.
