Anita, la huerfanita

Raúl Andrade Gándara
Rochester, Estados Unidos

Para nuestro público, tan afecto a las telenovelas, la partida de la bella Anita es un bocado de excepción. Heroica para unos, villana para otros, encaja a la perfección en nuestra concepción simplista de la vida y la política. Poco importa si su destitución fue justa o injusta. Se formaron ya bandos que la prejuzgaron, la señalaron y la calificaron. Y como en toda telenovela, hay muchas verdades implícitas.

En efecto, Anita fue la víctima de un juego político. Su prepotencia, respaldada por su belleza, le valió muchas antipatías y sobre todo, la volvió incómoda. Incómodas sus pretensiones de figurar, su estilo de profesora de moral, su pose desafiante. Así que había que tumbarla.

Hurgaron en su tarro de basura, compuesto de asesores desleales y ficticios, en su delicada situación económica, y soltaron la liebre. En una asamblea llena de cínicos, era indispensable cambiar de tema. Los siameses correa-morenistas, acorralados por tanta denuncia, necesitaban un respiro. Los nebotsistas, entusiasmados por el poder que les otorga su alianza subterránea, necesitaban golpear a los lassistas para afianzar a su líder, ávido por la presidencia. Así que Anita la huerfanita, sin poder que la respalde, subió al cadalso para ser sacrificada.

En política, jamás ha sido determinante el motivo. Siempre ha prevalecido la circunstancia. Y los correa-morenistas necesitaban urgentemente oxígeno para reorganizar sus filas, devoradas por conflictos internos irresolubles. Así que en este complicado juego de ajedrez, cayó un peón con pretensiones de reina. Pero para los observadores agudos, el tema no ha concluido.

Siguen incólumes los alfiles, los caballos y las torres de la corrupción. Sigue incólume la diosa de Correa, el peón morlaco, el alfil energético, y uno que otro caballo de carga. Y con toda justicia, hacia ellos está dirigido el clamor popular. Si destituyeron a la bella, ¿qué esperan para destituir a los vivísimos, que protegidos por su cargo, siguen impunes? ¿Por qué siguen en funciones los actores de la corrupción? ¿Por qué siguen protegiendo al rey, oculto en un ático para maniobrar los hilos del poder que aún tiene, por la cobardía, complicidad y titubeo del sucesor?

Y esa explicación sencilla, que revela la unión de los hermanos siameses, unidos por la complicidad y las cirugías incumplidas, es la que mantiene al país alimentándose de presas secundarias, sin mayor brillo, porque dan respiro a los verdaderos responsables de la crisis que agobia al país. Crisis económica, moral, impúdica y persistente, gracias a una impunidad que asusta, rebela y frustra todo intento de restablecer el orden en un país destruido por estos aventureros. Tanto la oposición, cegada por el cálculo político de sus líderes, como el híbrido que nos gobierna, sostienen el statu quo de un sistema que se desmiembra a diario, y que pretenden mantener arrojando a pequeñas presas a los leones.

Todos tienen pues su responsabilidad implícita en lo que sucedió, sucede y sucederá. Sepan por lo tanto que sí nos hemos dado cuenta de sus manejos, y les pediremos cuentas por ellos.

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