Allende y la macroeconomía del populismo
Quito, Ecuador
Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards escribieron una obra muy interesante que analiza los procesos populistas de varios países del mundo, entre estos se encuentra el caso chileno.
Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards escribieron una obra muy interesante que analiza los procesos populistas de varios países del mundo, entre estos se encuentra el caso chileno.
La decisión del Gobierno de desistir de su demanda contra Colombia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), probablemente, era la única que tenía. Como parte del acuerdo al que llegaron los dos gobiernos, Colombia entregará a Ecuador 15 millones de dólares. Según se ha anunciado esa suma se utilizará para reparar los daños que las fumigaciones del vecino país habrían provocado en el lado ecuatoriano de la frontera. Debería entenderse que esa es la cifra que las partes consideraron apropiada para reparar el alegado perjuicio, aunque así ellas no lo digan expresamente siguiendo una práctica diplomática.
La escena de varias personas que, a pesar de compartir una mesa, atendían en silencio exclusivamente a la pantalla y mensajes de sus teléfonos celulares, me recordó por contraste una animada conversación inmortalizada en una tela de Manet, una tertulia a media luz en un boliche salida del pincel de Toulouse-Lautrec, la representación de una visita de la mano de Kingman, o los clásicos que pintaban gente expresándose, con ángeles si hacía falta conjurar la soledad. Si por siglos el objeto central del arte fue la interacción humana, hoy serían seres sin memoria ni diálogo los que poblarían los lienzos de un pintor costumbrista.
Es difícil escribir sobre Siria. Los hechos se saltan olímpicamente a las ideologías que pierden su reducida cuota de poder explicativo y quedan atrás. Quienes advertían del carácter necesariamente belicista y «guerrerista» del imperialismo estadounidense que desencadenaría inevitablemente la guerra contra Siria esta semana, no contaban seguramente con que de improviso, el presidente Obama aceptaría la propuesta de negociación planteada nada menos que por el presidente Putin de Rusia y aceptada por el Gobierno sirio y paralizaría la ofensiva militar. Menos la ironía que supuso, como reseñaba en su artículo en el El País Timothy Garton Ash, que el propio presidente ruso, «el mejor enemigo de Obama» fuera, quien en el último minuto y actuando ciertamente conforme a sus propios intereses, salvó al presidente estadounidense de un tremendo fracaso: la derrota en las dos cámaras de su propuesta de atacar a Siria.
Imagínese un universo paralelo, parecido al nuestro, pero donde la política económica hubiera hecho innecesario explotar el Yasuní.
En 1938 tuvo lugar el encuentro de Munich entre Hitler, el señor Chamberlain, primer ministro británico, y el señor Daladier, primer ministro francés. El resultado fue la concesión total de ambos ignorando (u ocultando) la amenaza de Hitler. Creían preservar la paz y dieron la luz verde para la guerra. De hecho, convencieron a Hitler de que podría dominar Europa. El alemán comentó entre sus colaboradores, luego del encuentro, su gran sorpresa por la debilidad de los otros, sobre todo cuando, según él, en ese momento una posición de fuerza de Francia e Inglaterra se habría impuesto en términos militares. La debilidad de estos dos grandes demócratas, su oportunismo frente a sus opiniones públicas, abrió paso a una guerra que terminaría con la vida de 60 millones de personas. Afortunadamente, Siria no fue Munich y Obama tiene audacia, que se ha convertido en el bien más escaso entre los políticos del mundo.
Todo puede cambiar súbitamente. La capacidad del bicho humano para agravar los problemas es casi infinita. También, de vez en cuando, consigue aliviarlos. Sin embargo, cuando escribo esta crónica las percepciones actuales del conflicto sirio permiten forjar una lista provisional de “ganadores” y “perdedores”.
Se le atribuye al sultán Orkhán I, gobernante del Imperio Otomano, la creación del cuerpo militar de los jenízaros alrededor de 1330. Se dice que Orkhán I creó esta fuerza para sustituir al cuerpo armado de los «yagas», cuya insolencia se había hecho insoportable. Los jenízaros eran unidades de élite del ejército, y tenían como misión la custodia y salvaguarda del sultán, así como la seguridad del palacio, siendo considerados su guardia pretoriana.
Resulta hasta penoso ser testigo de escenas desesperadas que protagonizan muchos políticos y políticas, en su afán de ser tomados en cuenta por quien llaman compañero presidente. Ocurre cuando se acercan elecciones. Entonces comienzan a ser más risueños, hablan más con la prensa, no importa que sea la corrupta, y lanzan ramilletes de flores al líder revolucionario que ni los regresa a ver, aplastando las rositas que le caen por montones a su paso, que siempre es apurado.
En la larga historia de los discursos pronunciados por presidentes de Estados Unidos, ¿ha habido algún otro más extraño que este? Con la solemnidad que corresponde a una declaración de guerra, el presidente Barack Obama informó a los estadounidenses, el martes por la noche, de que se había aplazado la votación en el Congreso sobre la acción militar porque Rusia estaba tratando de sacar adelante una iniciativa diplomática que podría —o no— someter las armas químicas sirias al control internacional. No fue precisamente el discurso de Gettysburg.
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