Larga vida al periodismo
Guayaquil, Ecuador
Ya está la ley que tanto soñaron. La aprobaron entre tanta algarabía, como si con ella hubiesen descubierto el remedio a todos los males que sufre nuestro país. Lo festejaron, como quien festeja la buena noticia del nacimiento de una fórmula mágica, que elimine de pronto, en un abrir y cerrar de ojos -como lo hicieron con esta ley- las injusticias crónicas y la impunidad que siguen reinando en un sistema que se olvida de tratar a los poderosos, como se trata a los que no tienen nada.
