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Guayaquil, Ecuador
Ni aun proponiéndoselo ninguna legislatura en el mundo habría podido aprobar una ley tan manifiestamente violatoria de los instrumentos internacionales de derechos humanos sobre libertad de expresión como la aprobada el pasado viernes. Pero sobre todo tan disonante con las modernas tendencias democráticas que recorren el mundo desde Myanmar hasta Uruguay. No hay duda de que la flamante ley servirá de modelo para cualquiera de esos autócratas que nunca faltan en las Bananas Republics para diversión de Woody Allen.
