El papa austero que ama a los pobres
Guayaquil, Ecuador
Cuando salió a su balcón muchos no lo reconocimos. Vimos a una persona de avanzada edad salir a saludar muy serenamente a las centenas de miles de fieles que se encontraban en el vaticano. En un acto de humildad, de despojo y de buena fe, le pidió al mundo entero que lo bendiga. Se inclinó por un rato, cerró los ojos y sintió como miles de fieles rezaban por él y lo bendecían. Al terminar su primera intervención, nos deseó una buena noche, y que descansemos. ¿Quién hace eso, sino un amigo? Es ahí cuando se me ocurrió. ¿Será que este es el papa que tanto necesitábamos, es este el indicado para reconstruir la iglesia, piedra por piedra? En estos pocos días me ha demostrado que sí, que le cabe todo el mundo en el lado izquierdo del pecho.
