No les creo: este premio es una trampa
Buenos Aires, Argentina
La llamada me despertó a las 7 de la mañana de anteayer. Un amigo que trabaja en la Casa Rosada acababa de leer lo del premio que me dio la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) por estas columnas de los sábados y no podía creerlo. «Carlos, es el fin. Fuiste.» Tenía razón. A mí me pasó lo mismo cuando el miércoles a la tardecita recibí el mail de la SIP con la noticia. Mi primera reacción fue exactamente ésa: era el fin. Después de casi dos años de hacer buena letra como militante K, de convencer a todo el mundo de que me quedaba menos liberalismo que a Boudou y de jurar por la memoria de Néstor que no me iba a hacer eco de ninguno de los casos de corrupción que me entero casi a diario, esta maldita distinción venía a echar todo por tierra.
