Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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Las columnas de fondant de María José Argenzio invaden NoMíNIMO

Samborondón.- Galería NoMíNIMO inauguró el 30 de noviembre la exposición denominada “La Educación de los Hijo de Clovis”, de la artista guayaquileña María José Argenzio.


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María José realizó sus estudios de preuniversitario, licenciatura, posgrado y  maestría de arte en Londres, Inglaterra. Acaba de regresar formalmente al Ecuador, donde planea concentrarse completamente en su arte.

Diez años después de la desaparición del sucre, con su exposición “Just do it!”,  la artista recubrió íntegramente 25.000 monedas de un sucre con pan de oro, disfrazándolas para aparentar un valor que ya han perdido, y criticando el sistema de producción capitalista y las desigualdades sociales

Su obra llamada 1729, fue una peluca dorada trabajada en hilo de cobre bañado en oro, recordando la peluca que portaba Felipe V de Borbón en la moneda “pelucona” que circulaba en América en tiempos de la colonia, con la que aludía a la opulencia, la prepotencia y el abuso del poder.

Otra de sus obra, cuyo nombre son las coordenadas de la ciudad de Machala, tiene como protagonista a una planta de banano a la cual cubrió totalmente de pan de oro, y le hizo fotos desde el aire.

Con “La educación de los hijos de Clovis”, la autora hace una referencia histórica al cuadro del pintor holandés Sir Lawrence Alma-Tadema,  quien solía inspirarse en la antigüedad clásica, y se radicó durante muchos años en Inglaterra,  por lo que es catalogado como pintor inglés.

En dicha obra, aparecen tres  jóvenes hijos del rey  Clovis, con su madre viuda, aprendiendo a lanzar hachas para vengar a su padre.

María José se inspiró en las columnas corinteas de esta pintura, para realizar su instalación, que consiste en nueve columnas realizadas en fondant, que es una preparación que se utiliza mucho en la repostería.

“En esta instalación las columnas no cumplen una función,  las hemos sacado de su realidad estructural, arquitectónica, y están paradas por si solas, no van de piso a techo, por lo que estamos hablando de la noción de ruinas. Te habla del tiempo, del cambio, de la fragilidad, de que todo se desmorona, como en el pastillaje, que es algo que se utiliza dentro de eventos sociales determinados, que aluden a una realidad social, a la fragilidad, a la superficialidad”, dice la artista.

Para el crítico de arte, Rodolfo Kronfle: “Las muestras recientes de María José Argenzio evidencian ambiciosos y cuidados valores de producción. Los demandantes requerimientos que involucran son rara avis dentro de la escena local, y dan cuenta de un obstinado compromiso con sus ideas si tan solo consideramos que la escala de sus propuestas juega totalmente en contra de su viabilidad comercial”.

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“Es evidente que en estas nueve columnas corintias distribuidas dentro y fuera de la galería, extrañamente emplazadas y fuera de sitio, se ha anulado su función de soporte estructural, para enfatizar en cambio la rimbombancia de su forma, su aspecto decorativo y los estereotipos que proyectan como guardianes de un canon –y un orden social- rancio y adocenado. Claves para detectar este tipo de impugnaciones que cautivan a la artista los descubrimos ya en un par de video-performances que tocan, en esos casos, temas relativos a la construcción tradicional de género (7.1 kilos, 2009-2011 y Demi Plié, 2012).
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“La atracción que genera la imponente fisicidad de la obra, e inclusive la incomodidad que produce en el espacio al obstaculizar la circulación por la sala, o entorpecer el paso por las puertas, invita a navegar en los mensajes que encierra. Detrás de esta extraña columnata, cuyos elementos se reiteran de manera exagerada y aparentemente inútil, se refuerza el interés de la autora por indagar dónde residen ciertos “pilares” del comportamiento social que nos condicionan como individuos, en distintos grados, según nuestra extracción y nuestras ambiciones”.
mrjc/Fotos Larepublica.ec