Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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EEUU reacio a la guerra abierta extiende su impronta militar por el mundo

Washington, 7 sep (EFE).- Con nuevas bases de drones en el Sahel, más de un millar de asesores en Irak, constantes maniobras y rotación de tropas cerca de Ucrania, Estados Unidos está extendiendo en el mundo su impronta militar para abordar conflictos de la manera más aséptica posible.


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Coaliciones, asesoramiento militar y de inteligencia, muestras de fuerza y operaciones aéreas puntuales han sido la norma durante la presidencia de Barack Obama, quien ahora quiere ampliar esta estrategia en los varios frentes abiertos que ponen en riesgo la estabilidad mundial.

El mandatario está volviendo a reforzar militarmente regiones en conflicto, aunque con la intención de hacer guerras más “limpias” está potenciando la cooperación y el asesoramiento militar, el despliegue de aviones no tripulados y las operaciones secretas y de fuerzas especiales.

Obama, receloso de guerras como en las que se embarcó su predecesor, George W. Bush, y más incómodo hablando de ellas que de otros temas como la recuperación económica, reconoció esta semana desde la cumbre de la OTAN en Gales (Reino Unido) que para acabar con el Estado Islámico (EI) se necesitará una fuerza terrestre, pero ésta estará compuesta por fuerzas kurdas y del Ejército iraquí.

Como sucedió el pasado fin de semana en Somalia con el líder de la milicia islamista somalí Al Shabab, Ahmed Abdi Godane, el Pentágono prepara un plan para atacar con drones (posiblemente desde Turquía o Kuwait) al líder del Estado Islámico, Abu Bakr al Bagdadi, que podría estar oculto en Raqqa, ciudad siria convertida en fortín del EI.

La efectividad y baja exposición de los ataques con drones ha llevado al Pentágono a emprender planes para ampliar de forma significativa la presencia de estos aparatos en África, con una segunda base en Níger, según una exclusiva del Washington Post publicada esta semana.

El Mando de África, creado hace solo seis años, ha estado ampliando se presencia con asesores militares en Bamako (Mali), fuerzas especiales en Burkina Faso o destacamentos aéreos en Chad, con la intención de combatir a los islamistas de Boko Haram o Al Qaeda en el Magreb.

Asimismo, el Pentágono ha renovado sus acuerdos con el Gobierno de Yibuti para operar desde ese país del Cuerno de África vuelos de drones y servir de base para las fuerzas de respuesta rápida creadas tras la muerte del embajador estadounidense en Libia en un ataque en Bengasi el 11 de septiembre de 2012.

Yibuti se ha convertido en un centro estratégico para multitud de operaciones secretas con drones y cubrir un escenario de inestabilidad que va desde Libia hasta Somalia.

En Ucrania, Washington ha optado por las sanciones y la presión diplomática para frenar a las milicias prorrusas apoyadas por Moscú, pero ha prometido mantener el ritmo de entrenamientos militares, rotaciones de cazas y tropas en las fronteras orientales de la Alianza Atlántica para mandar un mensaje de fuerza.

La crisis con Rusia a propósito de Ucrania ha fortalecido el discurso de Washington a favor de un mayor gasto en defensa y cooperación en seguridad, no solo en Europa, sino también en todos los frentes del mundo que amenazan la seguridad de los socios, desde Ucrania a Siria, pasando por Libia u otros puntos calientes.

En la región del Sahel, los asesores militares estadounidenses trabajan hombro con hombro con sus contrapartes franceses, una característica del nuevo avance militar estadounidense para contrarrestar el terrorismo o apoyar a gobiernos aliados.

En Irak, la amenaza del EI ha llevado a que Estados Unidos haya elevado a más de 1.200 (821 para la seguridad de la embajada y el resto para diversas tareas de asesoramiento) el número de militares desplegados, un nivel de tropas desconocido desde la retirada de ese país a finales de 2011.

La respuesta estadounidense en Irak, con bombardeos a posiciones del EI para cubrir los avances de los aliados kurdos o iraquíes, ha contado con la aportación de Reino Unido, Francia o Australia.

Pese a la continuada defensa de esta estrategia por parte de la administración Obama está por ver si los drones y las operaciones especiales serán suficientes para “degradar” a los islamistas de Al Shabab o el EI, o si las medidas de presión y envío de material permitirán cambiar los equilibrios de fuerzas en Ucrania o Siria.

Irak nos ha demostrado que las guerras no se acaban cuando las tropas de Estados Unidos abandonan un país”, indica el analista del centro de estudios Brookings Michel O’Hanlon. EFE