Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Burkina Faso, una corta pero convulsa historia como país independiente

Centenares de manifestantes recorren las calles de Uagadugú, Burkina Faso, donde se desató el caos después de que un numeroso grupo de ellos asaltaran e incendiaron el Parlamento en protesta por la votación de la enmienda constitucional impulsada por el jefe de estado para prolongar su mandato, hoy, jueves 30 de octubre de 2014. EFE/Str

Nairobi, 31 oct (EFE).- La República de Burkina Faso, antes conocida como Alto Volta, tiene una corta historia como país independiente -estuvo ligada a Francia hasta 1960- pero intensa en lo político, plagada de crisis, revueltas y golpes de estado.


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Burkina Faso, que significa en la lengua local “tierra de los hombres incorruptibles”, se encuentra entre los diez países con el desarrollo humano más bajo según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lo que puede explicar en parte su convulso recorrido histórico.

El Fondo Monetario Internacional estima que durante 2013 el PIB fue de 12.042 millones de dólares y el PIB per cápita de 767 dólares y la inflación se sitúa en el 0,5 %.

Fueron, en el siglo XI, los integrantes de la tribu conocida como los “mossi” los que sentaron las bases de lo que se denominó Imperio de Moro de Naba, en la zona donde nacen los ríos Volta (Volta Negro, Volta Blanco y Volta Rojo) y que incluyen a la actual Burkina Faso.

Toda la región fue conquistada por los franceses, que en 1919 crearon el Alto Volta, una colonia subdivida en otras menores en 1932 de la que saldrían Sudán (Mali), Níger y Costa de Marfil y que englobaban, desde 1947, los territorios del África Occidental Francesa en los que se incluía a Burkina.

El 5 de agosto de 1960 el país consigue su independencia pasando a llamarse República Independiente del Alto Volta. Maurice Yameogo fue el primer presidente del país. En julio de 1984 el país cambia su nombre por el de Burkina Faso.

Desde su independencia de la metrópoli, los golpes de estado, las revueltas y las crisis políticas han dominado un país que tiene como vecinos a los también inestables Malí, Costa de Marfil y Níger, además de Benin, Togo y Ghana.

Con apenas 17 millones de habitantes y sin salida al mar, su población es mayoritariamente animista (un 65 por ciento), mientras el 25 por ciento de sus ciudadanos son musulmanes y el cristianismo sólo es practicado por el 10 por ciento de la población.

Después de la primera presidencia de Maurice Yameogo (1960-1966), se sucedieron numerosos gobiernos militares encabezados por Sangoulé Lamizana (1966-1980), Saye Zerbo (1980-1982) y Jean Baptiste Ouedraogo (1982-1983).

Y en mayo de 1983 se produjo un golpe de estado liderado por el capitán Thomas Sankara, que estableció un Consejo Nacional Revolucionario y nombró a Blaise Compaoré ministro de Estado de la Presidencia.

El 15 de octubre de 1987 un nuevo golpe de Estado destituyó a Sankara, que fue ejecutado, y Compaoré se hizo con el poder, que no ha abandonado desde entonces.

El nuevo hombre fuerte de Burkina aprobó en 1991 en referéndum una nueva Constitución, que establecía la división de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial e inició la Cuarta República.

Compaoré fue reelegido presidente para un segundo mandato en las elecciones del 15 de noviembre de 1998 con el 88% de los votos, algo que repitió, para una tercera legislatura, en los comicios de 2005.

Tras las elecciones presidenciales de 2010, ganadas de nuevo con mayoría por Compaoré, la oposición, que denunció fraude electoral, pidió un cambio en el sistema de votación.

Desde entonces y en protesta por los planes del presidente de cambiar la Constitución para perpetuarse en el poder se han producido protestas de forma cíclica que han generado graves episodios de violencia.

Aunque los peores arrancaron el pasado 28 de octubre, con el asalto e incendio del Parlamento, que han provocado decenas de muertos y han obligado a Compaoré a declarar el estado de excepción y a dar marcha atrás en su proyecto. EFE