Ecuador. sábado 21 de octubre de 2017
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Estado Islámico gana fuerza en Afganistán con campaña terror

En esta imagen del lunes 30 de noviembre de 2015, niñas desplazadas dentro de Afganistán sostienen bebés después de que su familia dejara su pueblo en el distrito de Behsood, en Jalalabad, al este de Kabul, Afganistán. En este campamento improvisado viven miles de personas que huyeron de sus hogares para escapar de lo que se está convirtiendo en una guerra atroz por el control de la región entre talibanes y combatientes del grupo Estado Islámico. (AP Foto/Rahmat Gul)

JALALABAD, Afganistán (AP) — El hermano pequeño de Rahman Wali fue uno de los 10 hombres afganos obligados por el grupo Estado Islámico a arrodillarse sobre bombas enterradas en un fértil valle de la provincia oriental de Nangarhar. Después, los extremistas detonaron las bombas y convirtieron el campo de pastoreo en una escena de terror.


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Esas muertes el pasado agosto fueron grabadas y difundidas en medios sociales como otras atrocidades cometidas por el grupo EI en Oriente Medio. El grupo exporta así su particular forma de crueldad mientras trabaja para aumentar su presencia en Afganistán.

Fue a través ese macabro video como Wali, de 44 años, supo lo que había sido de su hermano Rahman Gul, imán en su remoto distrito de Shinwar en la frontera con Pakistán. Gul había sido secuestrado varias semanas antes junto con su esposa y sus seis hijos, que fueron liberados con rapidez.

Tras la muerte de su hermano, Wali y su familia huyeron a la capital provincial de Jalalabad y se refugiaron en un campamento improvisado donde viven miles de personas huidas de sus hogares en los valles junto a la frontera. Todos tratan de escapar de lo que se está convirtiendo en una guerra atroz por el control de la región entre los talibanes y los combatientes de la filial afgana del grupo EI.

Las noticias sobre la presencia del grupo EI en Afganistán aparecieron primero este año en la provincia sureña de Helmand, donde se cree que un ataque de dron estadounidense mató en febrero a reclutadores relacionados con los líderes del grupo EI en Siria.

Durante el verano aparecieron extremistas que juraban lealtad al grupo armado en Nangarhar, donde desafiaron a los talibanes en choques fronterizos. Después de los combates entre ambos bandos, cuatro distritos —Achin, Nazyan, Bati Kot y Spin Gar— cayeron en manos del grupo EI, según el general John F. Campbell, comandante estadounidense de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán.

Campbell dijo a Associated Press en una entrevista esta semana que los grupos leales a EI en Afganistán intentan ahora consolidar sus lazos con el llamado “califato” proclamado por los milicianos extremistas en el territorio que controlan en Irak y Afganistán después de su ofensiva relámpago del verano de 2014.

Por ahora, el interés del grupo EI en Afganistán parece ser establecer lo que llama la “provincia Khorasan”, tomando el nombre de una antigua provincia del Imperio Persa que abarca áreas de lo que ahora son Afganistán, Irán y algunos estados de Asia Central. El término es similar al de sus filiales en otros lugares, como la rama del grupo EI en la península egipcia del Sinaí, a la que denomina “Provincia de Sinaí”.

“Creo que ISIL de verdad intenta establecer una base en Nangarhar… y establecer Jalalabad como base de la provincia Khorasan”, dijo Campbell empleando otro acrónimo para EI.

Varios vecinos que huyeron de los cuatro distritos de Nangarhar dijeron que el “reinado de terror” del grupo en la zona incluye extorsiones, desahucios, encarcelamiento arbitrario y el matrimonio forzoso de mujeres jóvenes. Las decapitaciones y las muertes con “bombas enterradas” como las empleadas contra el hermano de Wali se graban y comparten en internet para infundir miedo, afirmaron. Algunos hablaron bajo condición de anonimato por miedo a represalias contra los familiares que se habían quedado en la zona.

Imitando la campaña mediática del grupo en Irak y Siria, la rama afgana estableció una emisora de radio en Nangarhar, “Radio Califato”, que emite al menos una hora al día para atraer a jóvenes afganos desencantados con las malas perspectivas laborales en un país desgarrado por la guerra y con una tasa de desempleo del 24%. El paro es aún mayor entre los jóvenes a los que va dirigida la campaña de reclutamiento del grupo extremista.

Mientras tanto, las fuerzas del gobierno afganas, ocupadas combatiendo a los talibanes en otros lugares, dejaron que los dos bandos pelearan entre sí.

Y eso hicieron. Cientos de combatientes talibanes, desilusionados tras 14 años de guerra para derrocar al gobierno de Kabul, se pasaron al bando del grupo EI.

Aunque las estimaciones apuntan a que EI tiene unos pocos miles de combatientes en todo el país, siguen muy superados en número por los talibanes, que tienen entre 20.000 y 30.000 milicianos, según el analista político afgano Waheed Muzhdah, que trabajó en el Ministerio talibán de Exteriores durante su régimen entre 1996 y 2001.

Aun así, muchos admiten que la rama afgana de EI puede plantear una seria amenaza para la inestable nación.

En un informe presentado esta semana, el Pentágono se refería al grupo “Estado Islámico de Irak y el Levante – Provincia de Khorasan” como “un emergente competidor de otros grupos extremistas violentos que han operado en Afganistán de forma tradicional”.

Nangarhar resulta atractivo para el grupo EI por su mezcla de grupos insurgentes, algunos de los cuales tienen bases al otro lado de la frontera con Pakistán, y bandas de delincuentes dedicadas al lucrativo contrabando de drogas y minerales.

La señal de alarma sonó en agosto cuando varios estudiantes de la prestigiosa universidad de Nangarhar celebraron una manifestación a favor del grupo EI en el campus, provocando una operación de la agencia de inteligencia afgana con detenciones y redadas en las universidades de todo el país.

El gobernador, Salim Kunduzi, estimó que el grupo EI tiene unos 400 combatientes en la región. El escarpado terreno de la provincia es perfecto para una insurgencia y los milicianos pueden reabastecerse con facilidad en Pakistán, señaló. Además, sirve de plataforma para una ofensiva hacia el norte por la frontera este y más adelanta hacia Kabul, que se encuentra apenas 125 kilómetros (77,5 millas) al oeste, señaló.

El responsable de refugiados de Nangarhar, Ghulam Haidar Faqirzai, señaló que al menos 25.200 familias —o más de 170.000 personas— se han visto desplazadas en toda la provincia, ya sea de forma directa por el grupo EI o por que se sentían amenazadas por el grupo. La llegada del invierno agrava la situación de los desplazados, añadió.

En un campo a las afueras de Jalalabad, Yaqub, de 70 años y que como muchos varones afganos sólo utiliza un nombre, dijo haber salido seis meses antes de su pueblo en el valle de Maamand en el distrito de Achin, después de que los “guerreros de la bandera negra” —la bandera del grupo EI— les arrastraran a él y a su hijo hasta la cárcel, donde fueron golpeados y torturados. Yaqub dijo que aún no sabe por qué.

“Me cubrieron la cabeza con una bolsa negra para que no pudiera respirar mientras me golpeaban durante todo el día, y todos los días decían que iban a matarme”, recordó.

Yaqub y su hijo fueron liberados después de que la familia pagara a sus captores 200.000 rupias paquistaníes, o casi 2.000 dólares, una fortuna en Afganistán, donde los ingresos anuales medios son de unos 700 dólares.

“Cualquier cosa es mejor que volver allí”, afirmó Yaqub.

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