Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Imposturas en las Naciones Unidas

Carlos Sánchez Berzaín
Miami, Estados Unidos

La Asamblea General de las Naciones Unidas y los eventos de su entorno, se han convertido en estos días en el escenario de la impostura de algunos gobernantes y funcionarios internacionales que pretenden –entre otras cosas- presentar la lucha contra el terrorismo como un atentado imperialista.

Carlos Sánchez Berzaín
Miami, Estados Unidos


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La Asamblea General de las Naciones Unidas y los eventos de su entorno, se han convertido en estos días en el escenario de la impostura de algunos gobernantes y funcionarios internacionales que pretenden –entre otras cosas- presentar la lucha contra el terrorismo como un atentado imperialista, a los gobiernos no democráticos y dictatoriales como democracias, a los agresores como víctimas, a deudores corruptos y contumaces como damnificados y a los violadores de la libertad y los derechos humanos como sus defensores.

Impostura es el “fingimiento o engaño con apariencia de verdad”, es una simulación con la que se intenta hacer que algo parezca distinto a lo que en realidad es. Es parte de una estrategia de los gobiernos que no respetan los principios y valores de la democracia, pero que se protegen y escudan en ellos, por lo que resulta imprescindible ponerlos en evidencia.

Ante el problema del cambio climático y la importancia de las acciones a concertar, Nicolás Maduro se ha presentado como defensor del tema, politizándolo y atacando al capitalismo. Una evidente coartada para evitar dar cuenta sobre la crisis de Venezuela, las violaciones a los derechos humanos, los presos políticos, los exiliados y la corrupción institucionalizada que son de su responsabilidad. Faltaba que el dictador venezolano sostenga que la crisis y la necesidades de su sometido pueblo son efecto del cambio climático.

Frente al inevitable combate contra el terrorismo del grupo ISIL y otras organizaciones extremistas, que ha emprendido el mundo civilizado en acto de “legítima defensa”, la impostura se presenta en las posiciones de los jefes de Irán, Bolivia, Venezuela, Cuba, Ecuador, que bajo distintos matices pero con el mismo mensaje proponen “utilizar la paz para erradicar los extremismos”, reclamando cumplimiento de “legalidad”.

Maduro acusó a Occidente de haber “amamantado al monstruo del terrorismo” afirmando que la “única forma de derrotarlo es una gran alianza de paz…”. Evo Morales propuso “erradicar el guerrerismo imperial que promueve los Estados Unidos que ante la guerra amenaza con mas guerra” y abogó por la “cultura de la paz”. El Ecuador de Rafael Correa ha rechazado los bombardeos contra el grupo yihadista declarando que “las acciones llevadas a cabo contravienen el Derecho Internacional pues no han sido conocidas por la Asamblea General…”. Puros sofismas para apoyar y proteger al terrorismo cuando estos gobiernos son los responsables de la penetración islámica en la región.

Los presidentes de Irán y Bolivia reunidos en la ONU, mandaron declarar que han “coincidido en defender la vida, los intereses de los pueblos, la democracia y los derechos humanos”. Podrían empezar a hacerlo liberando los presos políticos en sus respectivos países, dejando de perseguir opositores y de aumentar el exilio, respetando la libertad, los derechos humanos, reponiendo el “estado de derecho” y permitiendo la vigencia de los elementos esenciales de la democracia.

La presidenta de Argentina, para justificar la cesación de pagos a la que condujo a su país ha afirmado que “no solamente son terroristas los que andan poniendo bombas, también son terroristas económicos los que desestabilizan la economía de un país y provocan pobreza, hambre y miseria….” Es tan interesante esta impostura, que siguiendo su concepto, el propio gobierno de la Sra. Cristina Fernández de Kirchner cae en “su categoría de terrorista”, obviamente extensiva a las dictaduras de Cuba y Venezuela que están administrando la pobreza, hambre y miseria que han provocado.

El Secretario General de la ONU Ban Ki Moon declaró a Evo Morales “símbolo del mundo en desarrollo”. Dicen las redes sociales que es el afán de agradecer los costosos regalos -reflejados en la prensa por su precio y peso en oro- que Morales dio a Ban en su visita a Bolivia. Por lo que fuera, Ban no recordó: que con datos de ACNUR (organismo de la ONU), Evo Morales tiene a más de 774 bolivianos expatriados y refugiados sin contar los asilados; que ha aumentado en seiscientos por ciento la producción de coca para el narcotráfico; que Morales debe responder por más de 17 masacres sangrientas en su gestión, con acusación pendiente en La Haya; y otras cuestiones que no lo hacen precisamente un personaje susceptible de imitar.

La repetición de las imposturas está destinada a modificar la opinión pública.