Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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El fin del poder

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

Moisés Naím, con un doctorado por el MIT (Massachusetts Institute of Technology), ministro de Fomento de Venezuela antes de la dictadura y director ejecutivo del Banco Mundial, acaba de publicar un voluminoso libro llamado “El fin del poder”.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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Moisés Naím, con un doctorado por el MIT (Massachusetts Institute of Technology), ministro de Fomento de Venezuela antes de la dictadura y director ejecutivo del Banco Mundial, acaba de publicar un voluminoso libro llamado “El fin del poder” (Editorial Debate, Barcelona, 2013).

Su análisis, basado en un torrente de datos, busca explicar que hoy es más fácil obtener poder y al mismo tiempo más fácil perderlo. Los grupos tradicionales se habían rodeado de vallas defensivas contra los ataques de quienes deseaban ingresar en el grupo para competir con ellos; esas vallas se han debilitado por numerosos motivos, lo que ha permitido la aparición de lo que el autor llama “micropoderes” que embisten, cada vez con mayor éxito, esas vallas y las traspasan.

Dentro de las causas que están modificando el poder, le resta importancia a la aparición de internet alegando que es nada más que una herramienta y para que se active es necesario que los usuarios compartan los mismos objetivos e intereses. Pone como ejemplo la llamada Primavera Árabe diciendo que “Los manifestantes y las circunstancias que les impulsaron a salir a la calle nacieron de situaciones dentro y fuera de sus países que no tenían nada que ver con Twiter o Facebook” (p. 35).

Habla de los cambios que ha experimentado el mundo “con más gente, más naciones, más gobiernos, más organizaciones políticas que nunca”, señalando que la situación actual es como si una centrifugadora hubiera tomado los elementos que constituyen la política tal como la conocemos hoy y los “hubiera esparcido por un escenario nuevo y más amplio” (p. 159). Ello le lleva a concluir que la degradación del poder constituye un grave peligro para la democracia y a propósito de ello recuerda a expresidentes como Fernando Henrique Cardoso (Brasil) y Ricardo Lagos (Chile). “Sus preocupaciones se basan en la obvia observación de que las democracias empiezan a perder eficacia a medida que las decisiones necesarias –y hasta las más urgentes– que debe tomar un gobierno se ven impedidas, diluidas o pospuestas como resultado de la fragmentación del poder y la proliferación de grupos e individuos con capacidad para bloquear procesos y decisiones, pero sin el poder de imponer un programa o una estrategia” (pp. 162, 163). Centrándose en la degradación del poder observa que “las profundas fuerzas económicas, tecnológicas y culturales que la impulsan [la degradación] dan fuerza a una gran variedad de ideas y sentimientos, no todos ellos democráticos. El separatismo regional, la xenofobia, las campañas contra los inmigrantes y los fundamentalismos religiosos también se benefician de la degradación del poder” (p. 163).

Analiza el significado y el valor que han tenido en la historia los países hegemónicos y la necesidad de un poder citando a Samuel Huntington para quien la autoridad tiene que existir justamente para limitarla (p. 321) y como posible salida propone: “Buscar variaciones a los métodos que nos han funcionado en el pasado para darle más estabilidad y menos conflictos al mundo” y para ello: “Será necesario inventar formas completamente distintas de coordinación internacional” (p. 235).

Para Naím, esta degradación comporta cinco riesgos: el desorden, la pérdida de talento y conocimiento (aparición de mesías), la banalización de los movimientos sociales (activismo virtual), estimulación de la impaciencia y la alienación (pp. 332-338). Reconoce que “nos falta una brújula fiable, un marco claro que nos ayude a dar sentido a las transformaciones que se están produciendo en todos estos terrenos” (p. 341) y que es necesario que recuperemos la confianza en el gobierno y en nuestros dirigentes políticos. “La clave para que los partidos vivan un renacimiento y mejoren su eficacia es que recuperen la capacidad de inspirar, estimular y movilizar a la gente, especialmente a los jóvenes” (p. 350). Y cierra estas ideas diciendo: “Necesitamos partidos políticos más fuertes, más modernos y más democráticos, que estimulen y faciliten la participación” (p. 353).
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* El texto de Jesús Ruiz Nestosa ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color de Paraguay