Ecuador. Domingo 23 de Julio de 2017
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La batalla por la Universidad Andina

Leonardo Valencia
Barcelona, España

En julio del año pasado se presentó en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito el libro de Carlos de la Torre Espinosa, De Velasco a Correa. Insurrecciones, populismo y elecciones en Ecuador, 1944-2013, un riguroso estudio donde se aborda, además de los mencionados en el título, dos figuras más del populismo ecuatoriano: Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez.

El libro se publicó en la colección Biblioteca de Historia en edición conjunta entre la Universidad Andina y la Corporación Editora Nacional. Uno de los presentadores del libro fue el actual rector saliente de la Universidad Andina, el historiador Enrique Ayala Mora, que con sentido del humor discrepó con algún punto de vista del autor, lo que ponía el acento en lo que es connatural a la universidad: la crítica y el debate. Al evento asistieron muchos escritores, intelectuales y periodistas.


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Esto fue lo que más me llamó la atención: ahí estaban Roberto Aguilar, José Hernández, Diego Cornejo Menacho, entre otros escritores y periodistas acosados por realizar su oficio. Pero el acto no tenía una finalidad proselitista sino más bien celebrar, en la casa que lo editaba, la presentación del libro de uno de los más destacados sociólogos. El papel de la Universidad Andina en los estudios ecuatorianistas, bajo la tutela de Ayala Mora y de un amplio equipo, es el de mayor relevancia en el Ecuador contemporáneo por el sostenido ritmo de investigaciones y publicaciones académicas, acreditada internacionalmente, por dos ocasiones, como universidad de “nivel A”.

Menciono esto porque semanas después se inició en la misma universidad la consulta previa para designar al nuevo rector, en la que se presentaron dos candidatos, el Ab. César Montaño y el escritor y diplomático, Raúl Vallejo. Montaño ha sido un activo profesor de la Universidad, mientras que Vallejo se alejó de la misma por participar en funciones para el gobierno de Rafael Correa. La campaña tuvo una particularidad: mientras Montaño hacía acto de presencia permanente explicando y dialogando sobre su proyecto para el rectorado, Vallejo mantuvo una distancia en la que ni siquiera fue posible un debate con el otro candidato y menos una exposición abierta de su proyecto en el recinto de la misma universidad. Era una candidatura con mando a distancia.

La consecuencia de esto se reflejó en los resultados de las votaciones de profesores, estudiantes y funcionarios: Montaño obtuvo más del 80% de los votos. Pero esa consulta previa no era vinculante, es decir, no definía directamente al rector, aunque era un elemento decisivo sobre la confianza de la comunidad académica en el proyecto de Montaño y sería tomada en cuenta por el Consejo Superior, en la que participan varios países del área andina, y en la que los respectivos delegados votan por el rector. Este Consejo votó también mayoritariamente por Montaño.

Una de la preocupaciones respecto a la candidatura de Vallejo no fueron sus talentos o proyectos, sino el temor de que su vinculación e incondicionalidad con el gobierno de Correa minara la independencia de la Universidad, tomando en cuenta que en ella hay un trabajo crítico del más alto nivel, como lo demostraba el caso del libro de Carlos de la Torre Espinosa. En esta misma Universidad, además, colabora uno de los más destacados investigadores ecuatorianos como Arturo Villavicencio, autor de libros críticos sobre la Universidad Yachay, por no mencionar que varios de sus profesores son editorialistas y articulistas en medios de prensa y foros nacionales e internacionales.

Esto evidencia que la Universidad Andina no es meramente una fábrica de titulaciones destinadas a abastecer al mercado profesional. Sus profesores, investigadores y estudiantes están debatiendo sobre la realidad actual del país y América Latina. Tampoco es una trinchera propagandística pro o antigubernamental. Es esencialmente un exigente ámbito de estudio e investigación. Por ser una universidad especializada en posgrados (sus estudiantes realizan allí exclusivamente masterados y doctorados) permite la confluencia de alumnos de distintas universidades de Ecuador y del resto del mundo.

Lo que ha ocurrido después es de conocimiento público reciente: se ha buscado de todas las maneras posibles impedir la investidura del nuevo rector, que deberá realizarse este viernes 15 de enero. A pesar de los resultados mayoritarios de la consulta previa y de la decisión del Consejo Superior, el Parlamento Andino ha destituido a los miembros de ese Consejo desautorizando los resultados y saboteando la autonomía de la misma Universidad. La Universidad Andina ha planteado una demanda al Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina ante este ataque que busca retirar a una figura como la de César Montaño, que sería la única garantía de que la Universidad mantenga la independencia crítica como lo ha hecho hasta ahora.

De impedirse esta investidura del rector elegido, estaremos presenciando otra intromisión del correísmo. No era gratuito que en la presentación del libro de Carlos de la Torre estuvieran periodistas críticos, miembros del gremio ejemplarmente acosado por este Gobierno. Y que encuentran en el espacio académico del pensamiento libre, otro aire, distinto al viciado por el control del poder político. Pero ahora es el turno de la Academia y de los intelectuales: si no han sido absorbidos o acallados por cargos públicos o prebendas, sufrirán acoso y derribo.

El pensamiento crítico, su desarrollo y sus respectivos registros, siempre están en la mira de la pretensión del poder de captar y someter a las voces críticas por cualquier medio. Quizá porque el poder absoluto no solo busca cimentarse en los mayores espacios posibles del presente, sino hasta en el espacio del futuro (más aún: del futuro de la memoria), donde se evidenciará este trabajo del pensamiento sobre los problemas actuales y el control de su interpretación. Esa misma preocupación sobre lo escrito (y lo inscrito) lo reflejó la gran novela de Augusto Roa Bastos, Yo el Supremo, donde la voz de quien tiene el poder en el Gobierno quiere controlar hasta el menor vericueto de la palabra, quizá porque lo registrado en los libros de historia y en las escrituras del pensamiento serán mañana el testimonio de lo que realmente pasó. (O)