Ecuador. Martes 24 de enero de 2017
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Si Moreno fuera presidente, ¿gobernaría él o Correa?

Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador

El exvicepresidente Lenín Moreno ha sugerido el viernes, desde Ginebra, que la Revolución Ciudadana no ha logrado todavía crear al Hombre Nuevo.

En tono autocrítico, desde su embajada extraordinaria en el corazón de Europa, el principal candidato oficialista para suceder a Rafael Correa, denuncia que pese a las estrategias de comunicación y formación política del Partido, este no logró llevar elementos inspiradores suficientes para cambiar el yo interior del  pueblo, y que el esfuerzo realizado no ha sido suficiente para transformar al individuo.

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La verdad es que ni Fidel ni Raúl Castro lo han logrado, y eso que ya llevan más de medio siglo en el intento. No lo logró el Partido Comunista en la extinta Unión Soviética. No lo ha logrado ni siquiera el cristianismo. La condición humana sigue indómita pese a los esfuerzos del  Che Guevara y compañía, y no parece ser la Revolución Ciudadana, ni mucho menos Lenín Moreno quienes  lo consigan.

Bastante tuviéramos si solamente pudiera enderezar la situación económica, impulsar la productividad y fortalecer el empleo. Pero entonces aparece una primera pregunta, relacionada a la posibilidad de que sea el candidato oficial de Alianza PAIS para las elecciones presidenciales de 2017. ¿Gobernaría Lenín Moreno de manera distinta a la que ha gobernado Rafael Correa? Y la segunda, más importante que la primera: ¿Podría gobernar de manera distinta si lo quisiera? Y la tercera, en mi opinión la más crucial de todas: ¿Gobernaría realmente Lenín Moreno o lo seguiría haciendo Rafael Correa por intermedio suyo?

Hay que reconocer que, aunque tímidamente, en su carta desde Ginebra, el exvicepresidente plantea un derrotero distinto, en el que “deben ser”, dice, “los empresarios y los emprendedores, quienes, sobre la base de la infraestructura que edificó el régimen, se conviertan en el motor central de la transformación productiva que demanda el Ecuador”. Y hasta sostiene, que tras una década de extraordinaria riqueza petrolera, todavía “la principal preocupación de la población es la situación económica y el empleo digno”. Pero… y entonces, ¿qué es lo que ha hecho Lenín Moreno durante todo este tiempo?

¿Dónde estaba Lenín Moreno mientras la prensa era perseguida y la mayoría de los periodistas independientes procesados? ¿Mientras se metía la mano en la Justicia y se tomaba el control de los mismísimos organismos de control? ¿Mientras el gasto público se inflaba, no solo con la construcción de hospitales ni de carreteras (que nadie es cretino para criticar aquello) sino con la creación del ministerio del Buen Vivir, el Consejo Nacional de Igualdad Intergeneracional, la Superintendencia de Control de Poder del Mercado, o el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación, Cordicom  y su ejército de funcionarios a sueldo para controlar incluso los programas con los que nos divertimos, y hasta la música que escuchamos, con el ambicioso, y ahora sabemos que frustrado, objetivo de cambiar el yo interior del pueblo y transformar al individuo?

La respuesta es sencilla: la mitad del tiempo estuvo en el poder. Y la otra mitad en Europa. Mientras estaba en el poder, como vicepresidente, era corresponsable de lo que ocurría. Cuando salió, y marchó a Ginebra como enviado especial de las Naciones Unidas para los temas de Discapacidad, fue cómplice. La última vez que habló, cuando la Supercom procesaba a Bonil por una caricatura, fue para decirnos que no ha existido en los últimos cien años un ecuatoriano tan inteligente, tan patriota, tan honesto y trabajador que Rafael Correa. Y nos hizo notar que en sus cálculos incluía a Eloy Alfaro. ¿Puede ahora decirnos que va a gobernar distinto?

Si quisiera hacerlo, ¿podría? ¿Tiene un equipo distinto a los hermanos Alvarado Espinel, a Ricardo Patiño, a Gabriela Rivadeneira? ¿Piensa distinto que Fander Falconí? La última vez que hablé con él, casi a comienzos del régimen, estaba maravillado con el gobierno teocrático de Irán e insistió, ante mi asombro, que esa nación gobernada por ayatollahs, que ha prometido acabar con el Estado de Israel, era una gran nación. Al menos de Rafael Correa sabemos el rumbo equivocado al que creemos nos va conduciendo. ¿Puede Lenín Moreno ser peor?

Yo no lo sé, pero admito que cabe la duda. Lo que temo es que un eventual gobierno suyo sea tan correísta como el del propio Correa, con la misma gente, los mismos aliados, y lo que es peor, con las mismas ideas. Y quizás incluso con el mismo Correa gobernando detrás suyo, en una fórmula que no es nueva. La ejecutó García Moreno con los presidentes Jerónimo Carrión y Javier Espinosa. Lo pretendió Eloy Alfaro con Lizardo García y Emilio Estrada. Lo popularizó en América Latina el peronismo con el ya famoso eslogan de “Cámpora a la presidencia, Perón al poder”.  Y lo ha practicado recientemente Vladimir Putin candidatizando a Dmitri Medvédev, durante cuya presidencia siguió gobernando para retornar luego oficialmente.

La respuesta la ha dado el mismo Lenín Moreno, en febrero de este mismo año, cuando ante el supuesto intento de los hermanos Larrea de utilizar su imagen para recoger firmas por un nuevo movimiento, en carta desde Ginebra, el exvicepresidente proclamó su “lealtad indeclinable” al Presidente Correa y al proyecto de la Revolución Ciudadana. El que quiera entender, que entienda…

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