Ecuador. Jueves 8 de diciembre de 2016
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Los motivos del sí

Héctor Abad Faciolince
Bogotá, Colombia

De La Habana viene un barco cargado de buenas noticias.

Sin embargo parece que muchos colombianos no están contentos con ellas. El profesor Jorge Giraldo señaló hace poco algo bastante típico y extraño de los colombianos: aquí aplauden al portador de malas noticias, y en cambio les gusta matar al mensajero que trae buenas noticias. Tal vez a esto se debe que al gobierno le haya costado tanto transmitir las buenas noticias que llegan de La Habana. Así me linchen los resentidos, voy a hacer una lista de las buenas noticias que han venido con estos diálogos de paz, que son al mismo tiempo los motivos por los que deberíamos votar Sí en el plebiscito por la paz.

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La primera buena noticia que nos llegó de La Habana fue que las Farc, al empezar los diálogos, abandonaron definitivamente el secuestro. El gobierno se sentó a negociar solamente después de poner esa condición a la guerrilla y las Farc, salvo unos casos aislados y luego resueltos (como el del general Alzate en el Chocó), han cumplido ese compromiso. Si no han empezado los diálogos con el ELN es porque este grupo armado se niega a renunciar al secuestro. Los diálogos de La Habana han servido para que esta sea una condición sine qua non, y este es un precedente muy importante: no se dialoga con quienes sigan secuestrando. Después de haber repudiado esta práctica, después de haber hecho una autocrítica, aun en el caso de que los diálogos fracasaran, a las Farc les quedaría muy difícil volver atrás en esta decisión. Y eso es bueno: el secuestro ha disminuido mucho, y hasta el ELN se dio cuenta de que en Colombia ya no era posible secuestrar impunemente a alguien como Salud Hernández y por eso la soltaron en una semana.

Incluso si las conversaciones de paz fracasaran mañana y por algún extraño motivo el gobierno o las Farc se levantaran de la mesa, estos diálogos le han traído a Colombia otra cosa muy buena: en estos cuatro años la violencia general en el país ha disminuido. Nunca en medio siglo había habido tan pocos caídos por el conflicto (soldados, policías, civiles y también guerrilleros); nunca había habido menos desplazados. Y en este ambiente más civilizado también han disminuido los homicidios en el campo y en las ciudades. En ningún año del gobierno Uribe hubo menos homicidios que el año pasado. Hoy en Caracas matan en un mes el mismo número de personas que matan en Medellín en un año y esto también tiene que ver con la desmovilización de milicias urbanas locales.

Aprovecho el dato triste de la violencia en Caracas para hablar de algo muy criticado aquí, y que sin embargo es también una buena noticia: que Cuba y Venezuela hayan estado detrás del proceso de paz ha sido bueno para Colombia. Las Farc son muy desconfiadas y solo negociaron tranquilas en su propio terreno; el gobierno aceptó jugar de visitante y eso les bajó la prevención. Y Venezuela es un espejo: el desastre venezolano (económico, social, humanitario) permite que si las Farc llegan a proponer el modelo económico bolivariano, los electores colombianos les haremos pistola. Tienen todo el derecho a proponer sin armas ese modelo, pero darán hasta risa si lo defienden. Y que en Cuba no haya libertad de información (algo pésimo para los cubanos) ha sido algo conveniente para el proceso: no se han filtrado a la prensa detalles de las conversaciones que habrían permitido sabotear aquí la negociación.

Hay muchas otras buenas noticias, pero solo las anteriores, menos secuestro, menos desplazados, menos muertos en combate, menos minas, menos homicidios en general, menos desaparecidos, son suficientes para que defendamos con alegría el Sí en el plebiscito. Y debemos hacerlo así, con felicidad, pues los enemigos del diálogo están enfermos de resentimiento y de ira. Los del Sí, en cambio, felices y sin odio, tenemos que ir a votar por la vida, por el perdón y por la esperanza de un país mejor. Lo he dicho muchas veces: en un mundo lleno de malas noticias, ¡Colombia es la buena noticia!

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