Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Jóvenes intentaron entregar tres atados de yuca a Rafael Correa

Solo hasta la puerta principal del Palacio de Carondelet pudieron llegar Santiago Freire, Marco Girón y Andrés Castillo, quienes son miembros de un grupo ciudadano denominado Ahora. Ellos llevaban en sus manos tres atados de yuca con cinta roja para el presidente Rafael Correa.


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¿Por qué las yucas?

Castillo dijo que, aparte de ser un acto de solidaridad con el estudiante secundario que el 1 de mayo fue detenido por hacerle gestos obscenos a la caravana presidencial -y entre esos gestos “darle yuca”-, la acción de este miércoles también tiene una carga de ‘sal quiteña’, informa Diario El Universo.

Por ello, “le hemos traído estos tres ataditos de yuca para que tenga la bondad de servirse como nos hacían a nosotros nuestras mamás cuando nos portábamos mal”.

El estudiante menor de edad, L. C. contó que el 1 de mayo -después de hacer los pulgares hacia abajo y “darle yuca” a la caravana presidencial- el presidente se bajó de un auto de seguridad y lo increpó señalándolo como “muchachito malcriado, tienes que respetar a tu presidente”.

Desde ayer, L. C. cumple 20 horas de servicio comunitario que fue la sentencia dictada por un juez la noche del 1 de mayo, luego de que el adolescente se disculpara por hacer esos gestos.

Castillo cree que como L. C. (estudiante) “muchos ciudadanos también quisieran cogerlo del pecho al presidente y decirle ‘oiga ¿por qué nos está quitando nuestras jubilaciones?’. Muchos otros querrán decirle indignados -con lágrimas en los ojos- que sus padres se quedaron sin trabajo por el decreto 813, otros decirle ¿por qué le dejó a mi hijo fuera del sistema universitario?…”.

Tanto el Presidente Correa, como la Secretaría de Comunicación, han desmentido que el primer mandatario haya asido al adolescente que lo insultó ni que se le salieran las lágrimas. El martes, la Secom difundió el video del incidente como una prueba de que las declaraciones de L. C., difundidas por YouTube, son falsas.

Castillo, junto con sus dos amigos, salió con una sonrisa del Palacio, después que les dijeron que nadie los iba a atender. Caminaron hasta la Plaza Grande para dejar las yucas frente a la mirada de curiosos, que se reían de la situación. Otras personas exigieron respeto para el Presidente.

“Hemos asumido esta lucha de defensa”, refirió Castillo. Demandamos, dijo, un poco más de “tolerancia desde el poder”. [I]