Ecuador. Sábado 27 de Mayo de 2017
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OPS teme expansión del zika y brotes de enfermedades tras sismo en Ecuador

Centro de la ciudad de Portoviejo en donde se aprecia la devastación por el terremoto del pasado 16 de abril. Foto: Luis Astudillo C.

Washington (EFE).- La Organización Panamericana de la Salud (OPS) teme una expansión de virus como el del Zika y de enfermedades como la hepatitis A o brotes de gastroenteritis y gripe tras el letal sismo del pasado sábado en la costa norte de Ecuador.

“Es una población que ha perdido sus viviendas, están expuestas más de 20.000 personas viviendo en refugios, hay que tener cuidado con el suministro de agua, el lavado de manos, las picaduras de mosquitos”, explica en una entrevista con Efe Gina Tambini, representante de la OPS en el país andino.

Estos son los retos de salud que enfrenta la costa norte del país cuando se cumple mañana una semana del terremoto de 7,8 grados de magnitud en la escala de Richter que ha causado al menos 570 muertos, 5.733 heridos y 163 desaparecidos, según cifras oficiales.

En las provincias de Esmeraldas, Manabí, Guayas y Los Ríos, las más afectadas por el terremoto, ya había circulación del zika y la OPS trabaja con el ministerio de Salud para evitar que el virus se expanda tras el terremoto.

Las condiciones de los supervivientes, que durmieron las primeras noches en parques y ahora comparten refugios, “hacen muy difícil” que se pueda cumplir con el protocolo de prevención para evitar la picadura del mosquito “Aedes aegypti”, transmisor del zika, el dengue y el chikunguña.

“Al vivir en refugios, en carpas, están muy expuestos. Las medidas de protección como usar repelente, llevar ropa clara, proteger las viviendas con mallas ahora son muy difíciles”, explica Tambini por teléfono desde Ecuador.

Los expertos trabajan ahora para identificar a las mujeres embarazadas y asegurar que tienen la protección necesaria, dado que el mayor riesgo conocido del zika es que puede causar microcefalia y otras enfermedades congénitas.

Otro de los riesgos es que con el terremoto “se pierde el 20 o 30 por ciento del agua potable en estas poblaciones” y esto ocurre en zonas de ingresos económicos bajos en los que las limitaciones ya existían antes y donde los ciudadanos tenían que almacenar el agua en tanques.

“El gran trabajo que estábamos haciendo antes era tapar esos tanques para que el mosquito no se reprodujera, porque prefiere el agua limpia y por eso los recipientes donde se almacena constituyen el mejor criadero”, recuerda la experta.

Ahora los esfuerzos se concentran en que llegue “agua procesada segura” a los supervivientes, porque el agua puede ser fuente tanto de reproducción del mosquito como de brotes de enfermedades gastrointestinales.

Los brotes de diarrea y de enfermedades respiratorias como el resfriado o la gripe “son los primeros en ocurrir” en circunstancias como las que viven ahora los supervivientes del terremoto, compartiendo espacio con numerosas personas en carpas y refugios y con acceso “más difícil” al agua segura.

“También estamos muy atentos de que no resurjan enfermedades que se pueden prevenir con vacunas, como la hepatitis A”, apunta Tambini.

La hepatitis A puede contagiarse por contacto con las heces o la sangre de una persona que tiene la enfermedad, por alimentos o bebidas contaminados por heces con el virus o si una persona contagiada no se lava bien las manos después de ir al baño y contamina un objeto.

El equipo de la OPS en Ecuador, reforzado tras el terremoto, trabaja en la evaluación de los daños en los hospitales y centros sanitarios y en la prevención y control de enfermedades.

“Trabajamos fuertemente en términos del restablecimiento de los hospitales y centros de salud, también en la vigilancia epidemiológica, para evitar resurgimiento de enfermedades diarreicas, trasmitidas o respiratorias”, relata Tambini.

Además, prestan especial atención al cantón de San Lorenzo, en la provincia de Esmeraldas, donde hay malaria.

Los expertos trabajan también en explicar a los supervivientes cómo deben cuidarse en el día a día para prevenir contagios, con un lavado profundo de manos y la protección ante picaduras de mosquitos.

Controlan de cerca sobre todo a las poblaciones en mayor riesgo, como las embarazadas, los niños en riesgo de malnutrición y las personas mayores.

“Y no podemos olvidar la salud mental, la población ha sido afectada psicológicamente, nos movilizamos para tener programas que ayuden a los ciudadanos y al propio personal de salud ante situaciones como los fallecimientos”, concluye la experta.

El letal terremoto en Ecuador, que ha dejado impactantes escenas de desolación y muerte, está considerado por el Gobierno de la nación como la peor tragedia del país en 67 años. EFE (I)

cg/pa/cav