La deuda de hoy, pobreza de mañana

Carlos Cobo Marengo

Guayaquil, Ecuador

El fin del acuerdo entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional será el año 2028, con un Estado que recauda más pero que poco o nada ha hecho para resolver los problemas estructurales. Solo en 2025 nuestro país cerró con un déficit fiscal mayor, caída de ingresos petroleros, beneficios tributarios y más gasto en compensaciones sociales y subsidios.

Para financiarse el Estado recauda impuestos y gasta esos recursos en diferentes partidas presupuestarias. Cuando los gastos de un gobierno superan a los ingresos, se genera un déficit. Y la cantidad total de déficit acumulado a lo largo de los años es la deuda pública.

Para financiar el déficit cada año el Estado toma esa cantidad de los ciudadanos, es decir de todos los ecuatorianos, las familias y empresas, esto significa menos dinero para los privados y más para el sector público. Cuando las necesidades del sector público aumentan, una medida, aunque impopular suele ser el aumento de impuestos para financiarse.

Otra opción es adquirir deudas lo que significa impuestos futuros, cuando el gobierno emite nueva deuda y recibe recursos prestados, ya sea deuda interna de bancos y cooperativas, organismos nacionales, el IESS, o de organismos extranjeros como el FMI o el Banco Mundial debe pagar un interés, si el déficit cada año aumenta, los intereses también lo harán. Todos estos valores se acumulan cada año aumentando cada vez más la deuda total. Retroalimentándose en un círculo vicioso.

Es por estas consideraciones que se debe tener en cuenta que la deuda pública empobrece a las generaciones futuras. Si los políticos gastan hoy, sin recurrir a aumento de impuestos, la deuda e intereses quedan pendientes por pagar en un futuro, al aumentar cada año la demanda del gobierno por recursos, el tipo de interés por los préstamos también aumenta, y un incremento en la tasa de interés local significa que la inversión empresarial disminuye.

Los recursos que podrían haber sido utilizados para aumentar la capacidad productiva de las empresas y mejorar la vida de las familias, se dedican a otros usos menos productivos y las generaciones futuras quedan empobrecidas.

El futuro aumento de impuestos, necesario para pagar la deuda pública provoca incentivos perversos que distorsionan la economía y reducen la capacidad productiva. Además, los gobiernos que recurren a aumentar el déficit y deudas no tienen incentivos para disminuir el gasto.

Es por estos y muchos más motivos que el constante aumento del presupuesto del gobierno no hace más que empeorar los problemas de los ciudadanos y empresas, retrasa el crecimiento económico y la recuperación, lo que se necesita es presupuestos equilibrados, con políticos que se dediquen a gastar únicamente en lo esencial, dejando todo lo demás al sector privado. 

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