Tucídides y su trampa

El presidente de EEUU, Donald Trump, estrecha la mano de su homólogo chino, Xi Jinping, en la reunión del G20 en Osaka (2019). EFE

Hernán Pérez Loose

Guayaquil, Ecuador

Durante el banquete que el presidente Xi Jinping ofreció al presidente Trump con motivo de su visita oficial a China, el líder chino hizo una referencia a la llamada trampa de Tucídides que descolocó a la misión estadounidense y que ha sido materia de comentarios por especialistas y analistas internacionales. Xi Jinping señaló que “no hay tal cosa como la trampa de Tucídides en el mundo. Pero si los grandes poderes, una y otra vez, cometen el desliz de un error estratégico, podrían crear tales trampas para ellos mismos”. No es la primera vez que Xi Jinping se refiere a este concepto. Lo ha hecho en el pasado, aunque en contextos diferentes. Lo relevante de esta vez es que se lo dijo a Trump directamente.

La trampa de Tucídides es un concepto elaborado por el profesor Graham Allison (1940) de Harvard, uno de los maestros y escritores más brillantes de relaciones internacionales. Allison en esencia propone que el ascenso de una potencia en el escenario internacional necesariamente desemboca en un conflicto con la potencia que en ese momento goza de una posición hegemónica. Esta suerte de axioma, Allison lo toma de la conocida observación que hace el historiador y militar ateniense Tucídides en su magistral obra Historia de la guerra del Peloponeso. Tucídides sostiene que lo que desató la guerra entre Atenas y Esparta fue el temor que despertó en Esparta el surgimiento de Atenas como potencia. Ese crecimiento en el poderío ateniense sembró en Esparta un sentimiento de recelo. Dice Tucídides: “La causa más real, aunque menos manifestada, fue el hecho de que los atenienses con su engrandecimiento inspiraron temor a los espartanos y les forzaron a la guerra…”.

Algunos han verificado la observación de Allison a lo largo de la historia. El resultado parece darle la razón. Las veces en las que una potencia hegemónica y otra que surge desafiante han evitado un enfrentamiento son relativamente pocas en comparación con aquellas donde ambas potencias terminaron en guerra. De hecho se ha calculado que ha sucedido 12 de cada 16 veces en 500 años. En todo caso, si bien hay una alta probabilidad, ello no implica que sea inevitable. Sin embargo, la referencia del presidente chino a la trampa de Tucídides tiene una lectura que no alcanzó a discernir Trump. El mensaje de Xi Jinping fue, primero, que China ya es hoy en día una potencia mundial. Ya no es la China que visitó Nixon en 1972. Y segundo, que no solo es una potencia, sino que, además, va en camino a desplazar a la otra –EE. UU.– que hoy goza de hegemonía. Que si es posible o no evitar la trampa de Tucídides, eso es otra cosa; importante, claro, pero no fue lo esencial del mensaje.

Como sabemos, Esparta terminó venciendo a Atenas, pero fue una victoria pírrica, pues al poco tiempo los efectos del conflicto terminaron aniquilándola a ella también. El surgimiento de China se ha visto facilitado por las contradicciones internas que vienen socavando el liderazgo mundial de EE. UU. En particular, por el error en el que cayó Trump, y que ya fue advertido por Hanna Arendt, de usar la violencia como expresión del poder. La violencia no es una forma de poder, sino lo contrario, es la semilla de su destrucción. (O)

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