Una bebé de apenas ocho meses murió a mordidas y golpes hace poco en la República Dominicana, en un nuevo caso de maltrato infantil en este país, que si bien llega a la conmoción cada vez que salen a relucir casos como este, sigue tolerando la violencia en la crianza de los niños.
La menor murió a manos de la pareja de su madre, enviado a prisión tras ser acusado de homicidio voluntario y actos de tortura y barbarie, cometidos contra la niña en un sector de la provincia de San Cristóbal, sureste del país.
Este caso se sumó al de otra niña de 7 años, torturada hasta la muerte en agosto del año pasado por su tía y la pareja de esta, que la tenía bajo su cuidado en la capital del país, que ya en 2024 se indignó tras conocerse el fallecimiento de un menor de 8 años, cuyo cadáver presentaba 147 heridas de diferentes tipos.
El crimen del niño de 8 años lo cometió una tía en Verón (en el este del país), que confesó entonces a los investigadores que lo hizo porque «el niño tenía un mal comportamiento».
Normalización de la violencia
Según advirtió a EFE Carlos Carrera, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en el país, seis de cada diez niños en República Dominicana sufren disciplina violenta en el hogar.
Con un 63 % de niños que han sufrido este tipo de violencia, República Dominicana se sitúa ligeramente por encima de la media de los países de América Latina y el Caribe (60 %), al encontrarse estos actos normalizados y debido también al poco conocimiento de los padres sobre otras formas de educación y métodos para poner límites a los hijos, señaló Carrera.
Para este funcionario de Unicef, los padres y madres de familia estarían dispuestos a usar otras técnicas en lugar de métodos de educación violentos, sin embargo; el problema radica en que «no los conocen, ni los han recibido» durante su infancia.
Además, apuntó que las leyes en el país «han sido relativamente laxas también con la disciplina violenta», lo que se suma a la falta de apoyo a los padres y sensibilización por parte de las instituciones.
Por ello, considera necesario hacer, por un lado, reformas en el marco legal para «realmente prohibir cualquier forma de violencia contra los niños en el hogar», así como ofrecer programas de apoyo, acompañamiento familiar y educación de padres, puesto que, cuando los progenitores toman conciencia del impacto negativo de la violencia en los niños, el enfoque educativo “cambia rápidamente”.
El efecto en los niños
La violencia afecta gravemente el desarrollo de los niños, perjudica su desarrollo emocional y su capacidad comunicativa, y reduce su capacidad de aprendizaje, quienes no tienen «tanta capacidad de aprender como deberían», advirtió Carrera, quien trabaja para Unicef desde 2004 y ha ocupado en etapas anteriores puestos en Honduras, Estados Unidos y Guatemala.
De acuerdo con el representante de Unicef, las agresiones, cuando son intensas y repetidas, generan «estrés tóxico», un efecto bioquímico que «congela el desarrollo del cerebro» y afecta al desarrollo cognitivo.
«Cuando niños han sufrido violencia, y han tenido estrés tóxico, cuando sean adultos tendrán mayores problemas no solamente de salud mental o de productividad, sino también de salud física, como problemas cardiovasculares, asma», explicó.
En el ámbito social, los menores que han sufrido violencia tienen luego como adultos “más probabilidad de entrar en conflicto con la ley, cometer algún tipo de delito o entrar en la cárcel”.
Todo ello demuestra que «la violencia en los niños es mucho más traumática de lo que pensábamos. Tiene un efecto mucho más profundo, mucho más intenso, dañino y duradero de lo que pensábamos», señaló.
Para Carrera, el «hecho de justificar algunas formas de violencia, en el fondo es justificar todas las formas de violencia», por lo que para poder erradicar esas formas más extremas hay que tratar de erradicar todas las formas de agresión.
Por ello es importante tener una estrategia que abarque todo tipo de violencia porque las causas de esta, incluida la tortura, “son básicamente las mismas: es una tolerancia social, un patrón de conducta». EFE (I)
