Inundados de droga
Quito, Ecuador
Uno de los flagelos que más preocupa a las sociedades, no importa de qué país, es el narcotráfico.
Uno de los flagelos que más preocupa a las sociedades, no importa de qué país, es el narcotráfico.
La semana que la Asamblea Nacional concluyó el primer debate de las enmiendas constitucionales que permitirán la aprobación de la reelección presidencial indefinida, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas apareció en el balcón del Palacio de Carondelet, junto a la Chilindrina, acompañando al Presidente Correa y al vicepresidente Glas mientras se dirigían hacia la multitud con gestos de victoria.
Parece de mala película gringa que durante la misma semana las informaciones políticas más relevantes sean la compra de una vivienda suntuaria por parte de la asambleísta Gabriela Rivadeneira y el despojo de la sede en que funciona la CONAIE desde 1991.
Mi abuelo, el doctor Alfonso Martínez Aragón, me contaba lo que sentía a medida que pasaba el tiempo, como una forma de prepararme ante la vida.
En el futuro inmediato, la decisión de Obama y de Raúl Castro de normalizar las relaciones entre Cuba y los EE.UU, implicará un fuerte cambio en toda América Latina. Ecuador no será la excepción. Es el tardío cierre de página de la Guerra fría en la región. El fin del bloqueo será el corolario de esta historia.
El Presidente Correa intenta que su gobierno apoye el emprendimiento y la innovación, pero sus autoridades tributarias navegan contra corriente.
En esta misma columna, el pasado 24 de marzo comentaba un artículo cuyo autor, Antonio Navalón, escribía: “Considero que será Cuba, con Raúl Castro a la cabeza, quien entregue la revolución chavista a Estados Unidos, a cambio de conseguir el desbloqueo para Cuba”.
Anunciada la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, se abre un conjunto muy amplio de cuestiones relativas a que la dictadura se encamine al cumplimiento de los principios de libertad y democracia, sin cuyo logro en el corto plazo, la nueva política podría quedar reducida sólo a una exitosa maniobra castrista.
Recientes revelaciones sobre el programa de tortura de la CIA señalan que el mismo fue creado, supervisado e implementado por dos psicólogos clínicos certificados—James Mitchell y Bruce Jessen—y que recibieron millones de dólares por su participación.
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