Por desconfiados
En el mundo existen impuestos para las cosas más absurdas imaginables. Incluso para cosas inimaginables. Alguna vez leí que Pedro el Grande, emperador de Rusia, puso un impuesto a las barbas, pues quería que sus súbditos se afeiten. Los japoneses aprobaron hace un par de años un impuesto a los gordos para combatir la obesidad en su país. Mientras tanto, en el Ecuador tenemos un impuesto a salida de divisas que, en el fondo, es un impuesto a la desconfianza. Se está gravando la desconfianza en las políticas económicas del gobierno. Aquel que desconfíe del manejo de la economía debe pagar un impuesto. Por desconfiado.
