«Papi, yo les pregunté si nos iban a matar»
Lo que uno siente la segunda vez que a uno le encañonan con un arma en la cabeza y le amenazan de muerte parecer distinto a la primera. Al menos esa fue mi experiencia este sábado pasado. Esa rabia gigantesca, esa frustración y esas ansias de venganza que sentí la primera vez esta vez fue se trocó en un desolador e indefenso ¿y cuándo será la próxima? Una pregunta que hace que vivir se convierta en un ejercicio cuesta arriba. Esta vez todo fue más dramático y desgarrador, porque la víctima no era solo yo sino mis dos hijos y todo un grupo de amiguitos.
