Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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El muro de Berlín: la obra de arte y la tragedia

Hace 50 años se inició la construcción de lo uno de los muros con mayor carga simbólica en la historia del mundo. Hoy los fragmentos del Muro de Berlín que quedaron en pie después de la caída, en 1989, se convirtieron en un lienzo, en una gran galería de arte a cielo abierto. Pero como no se olvida una herida ni se oculta una cicatriz, eso que quedó del Muro bien podría definirse como un palimpsesto: debajo de las obras de arte, de los grafitis, de las muestras de street art (arte callejero) que hoy exhibe la ciudad, hay una historia de sufrimiento, de dolor, de muerte que comenzó a escribirse exactamente el 13 de agosto de 1961, hace 50 años, cuando, al despertar, los berlineses descubrieron que un amasijo de cemento, púas y vallas había partido su ciudad por la mitad. Era la “Operación Rosa” y más de 10 mil soldados participaron en la construcción de “un muro de protección antifascista”: cuarenta y tres km. de cemento y más de 3 metros de alto.


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Uno de los pioneros en pintar el Muro, que para 1989 era el símbolo de la Guerra Fría, fue Bansky, un mito viviente del arte callejero. Otro de los artistas que vieron en ese paredón una enorme tela, una posibilidad de transformación, fue Thierry Noir, autor de algunas de las intervenciones más conocidas. Noir nació en Francia, pero en 1982 se fue a vivir a Berlín Occidental. “Entonces había pocas pinturas en el Muro, sobre todo pequeñas imágenes, lemas antiestadounidenses, mensajes personales … en algunas zonas no había nada: kilómetros de muro en blanco”, cuenta. Y dice también que, al principio, “nadie entendía lo que hacíamos. Nos preguntaban quién nos pagaba y creían que nos había mandado el FBI o la CIA para embellecer el muro”. La respuesta era mucho más sencilla: Noir había llegado a Berlín atraído por la música y encontró una casa ubicada frente al Muro, a sólo cinco metros. Y en una entrevista publicada cuando se cumplieron 20 años de la caída, dijo que la vida allí era “terriblemente melancólica”. “Comencé a pintar el Muro desde mi casa simplemente para no volverme loco”, contó el autor de esas extrañas caras, de ojos y bocas bien grandes, bien coloridas, que se hicieron famosas, también, por el disco Achtung, baby!, de U2. Keith Haring también sumó sus hombrecitos, según se publica en este reportaje revista Ñ.

Ahora, la famosa East Side Gallery, es uno de los íconos de Berlín: 118 artistas de 21 países dejaron su huella, aunque Noir, como tantos, no olvida el origen. “El Muro no era un objeto artístico, sino un horror sangriento, un monstruo”, dice. Entre 1961 y 1989, más de 100 mil personas quisieron escapar de la RDA y sólo 5 mil lo consiguieron. Por lo menos 136 personas murieron al pie del Muro de Berlín.

La imagen del auto Trabi (la versión comunista del “escarabajo” alemán) atravesando el Muro o el beso apasionado entre los políticos Leonidas Breznev y Eric Honecker, esa forma de pintura, ese estilo grafitero, son parte de Berlín. Casi una ironía, como la de uno de los artistas contemporáneos más reconocidos, el alemán Joseph Beuys, que en 1964 recomendó a las autoridades hacer el Muro 5 cm más alto. Para que tuviera una “mejor proporción”, argumentó.