Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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El Perú más alucinante en “Bienvenidos a Incaland®”

Escritor español David Roas. Foto de Academia Editorial.

Barcelona (España), 31 ene (EFE).- David Roas se mueve entre el libro de viajes y el relato fantástico en “Bienvenidos a Incaland®”, una narración que parte de un viaje del autor a Perú en la que destila una irónica crítica contra el turismo en aquel país.


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“Bienvenidos a Incaland®” (Páginas de Espuma) tiene que ver, explica Roas en una entrevista a Efe, con dos viajes suyos a Perú, en 2008 y en 2011, aunque en la segunda fecha ya tenía escrito el libro y la estancia durante tres meses entonces en Lima confirmó sus “delirios”.

Asegura el autor que “no quería hacer ni un libro de viajes ni una novela, aunque algunos lectores lo podrán leer como un libro de viajes o como una novela”, pero su principal objetivo era “jugar con los límites del cuento, con una clara voluntad de romperlos”.

Todos los cuentos siguen un orden cronológico, aunque se deja al lector la libertad de hacer lo que quiera: “El protagonista es siempre el mismo, ese tipo que mira desde fuera, entre sorprendido e inquietado, una realidad que no acaba de entender”.

Sin embargo, cada cuento posee su propio tono, en ocasiones cercano a lo grotesco y en otras en el territorio de lo fantástico, apunta Roas.

Subraya el escritor barcelonés que en ningún momento se esconde y queda claro que David Roas es el protagonista, pero con una salvedad: “El ‘otro’ no es el peruano, sino yo, yo soy el raro, el que no entiendo bien la realidad”.

Con una experiencia de viaje europeo o yanqui, Roas se planta en Lima en su primer viaje a Latinoamérica y allí descubre “una ciudad con un caos alucinante” y pone como ejemplo su experiencia con los taxis: “se paran antes de que tú los pidas, debes negociar el precio, pero un día pagas una cantidad y otro día por el mismo trayecto el precio es distinto, y además los coches están en un estado que sería imposible que pudieran circular”.

Asegura Roas que recurrir a lo fantástico y al humor es una estrategia para explicar su situación de “foráneo”, al mismo tiempo que transmite su “fascinación hacia ese mundo”.

El Incaland® del título, con el símbolo de marca registrada, es el sarcasmo que Roas utiliza para referirse a la masificación del turismo en el patrimonio mundial como pueden ser Cuzco o el yacimiento de Machu Pichu, “convertidos en un parque temático”.

El sentido del viaje estaba ya en su anterior novela, “La estrategia del Koala”, a partir de “un viaje delirante” por Galicia (noroeste de España), de donde procede su familia.

Si para explicar Galicia narraba al lector una situación como si estuviera en un capítulo de la serie de televisión “La dimensión desconocida”, para contar Perú vuelve a recurrir a referentes cercanos como la serie B, el terror o el cine.

De este modo, “Bienvenidos a Incaland®” se presenta como “una historia de aventuras en un país extraño donde el protagonista vive situaciones grotescas, como la posibilidad de robar la máquina de escribir de Vargas Llosa en su museo, algo que evidentemente -aclara- no pasó”.

Abundan las referencias a la cultura local como el Inca Garcilaso de la Vega, “un pope de la cultura peruana como Vargas Llosa” o referencias pop como Madonna o Abba.

En Cuzco, una ciudad, de la cuando te alejas mínimamente del centro, es completamente normal, “como de hecho pasa en otras ciudades turísticas”, Roas sitúa una invasión de “zombies-turistas” en una nueva referencia a la serie B.

Roas se siente como “un Jeckyll y Hyde” pues en sus libros conviven “referencias de la cultura popular y referencias académicas”.

Como ya hiciera con “La estrategia del Koala” y “Bienvenidos a Incaland®”, en la actualidad el escritor trabaja en dos proyectos simultáneos: “ahora estoy escribiendo un libro de cuentos y una especie de novela terrorífica ambientada en Suiza, un país lleno de nazis y de aburridos”.

Su próxima estancia de cuatro meses en Nueva York, donde ha obtenido una beca para investigar, es seguro que saltará a las páginas de su peculiar ficción, admite. EFE